BCCCAP00000000000000000000758
Se fue con prisas a la montaña 213 «Llegamos al lugar cuando las niñas videntes estaban ausentes de él, porque habían ido a la solemnidad religiosa de un pueblo inmediato 16, que celebraba su fiesta patronal. A eso de las cinco de la tarde regre– saban las niñas, todavía sin comer, a sus casas. Mientras tanto, el buen amigo don Valentín, párroco del lugar, me fue informando detenida– mente de todo lo más sensacional. Un rumor de arroyo entretenía el silencio casi sepulcral que nos rodeaba, mientras cambiábamos impre– siones y yo recogía noticias, consignadas por escrito y fielmente con– trastadas.» Don Julio tuvo luego ocasión de examinar por separado a cada una de las videntes, preguntándoles «cuanto quiso para esclarecer los he– chos de que había sido informado ... » Y llegó el atardecer. «La campana de la iglesia nos congregó para el rosario. Tres de las niñas estaban allí presentes entre las demás chiquillas (Jacinta yacía en cama, con angi– nas): las vigilé, y nada vi en ellas de extraordinario; eran como las otras». «Terminó el rosario y la iglesia fue cerrada, como lo había ordena– do el señor administrador apostólico. A las diez de la noche dio comien– zo el éxtasis, con Mari Loli en trance ... » Siguen una serie de detalles, interesantes ciertamente, pero que ya conocemos por haberse repetido muchas veces. Dos cosas le llamaron especialmente la atención a don Julio: el extraño correrse de los vestidos cuando la niña iba cayendo al suelo, y la expresión o actitud de la misma niña. Sobre lo primero dice él: «Sus vestidos iban deslizándose hacia abajo, en movimiento contra– natural, lo mismo que si una mano invisible cuidara de la más com– pleta modestia de la niña... Había que descartar toda intervención dia– bólica». Y sobre lo segundo: «Fue cayendo Loli.lentamente y en forma tal, como si alguien la fuera posando en el suelo; estaba como herida por un rayo de luz. Detenidamente la contemplo: tiene una cara verda– deramente angelical, no parece la misma... » Quizá fue en el curso de este éxtasis 17 cuando la niña, a requeri– miento del párroco, que había hablado con don Julio de la convenien– cia de formular unas cuantas preguntas «que fueran raras y difíciles de contestar», preguntó, entre otras cosas, a la aparición: · «-¿Qué es lo que más urge la Virgen a los españoles para enmen– darse?» Respuesta: «Que confiesen y comulguen.» «-¿Qué sacrificio, principalmente, pide a España?» Respuesta: «Que ayude a las demás naciones a ser buenas.» «-¿Cuál es el pecado de los padres que más la ofende?» Respuesta: «El que riñan entre sí; sus desavenencias y discordias.» Tiene publicados sobre el tema dos importantes libros: «Dios en la sombra», estudio de un teólogo sobre los hechos de Garabandal, y «El gran portento de Garabandal». Las notas que yo utilizo aquí, están tomadas de su primer libro, «Dios en la sombra», parte tercera, núms~ 50-68. 16 La fiesta de la Virgen de la Salud, en Puente Nansa. 17 He visto luego por las notas de don Válentín, que estas preguntas, pasadas por Conchita a Loli (que había ido en éxtasis a casa de ,la primera), no se hicie– ron la noche del día 8 de septiembre, sino en la del 9.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz