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212 cristo nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su Gracia, ten– gamos ya en esperanza la herencia de la vida eterna» (Tt 3, 4-7). ¿Por qué de noche? A la caída de la tarde del día 29 de julio de 1968 llegaba yo a la portería del convento de Santa Clara, en Aguilar de Campoo (Palencia). Allí encontré, pegado a la reja, porque estaba un poco sordo y no veía muy bien, a un anciano y excelente sacerdote, en habla con dos monjas que estaban al otro lado; me saludó, nos saludamos ... y el hombre, dicharachero y ocurrente, a cuento de no sé qué, sacó inesperadamente a relucir el asunto Garabandal: «Sí, como esas cosas raras de Gara– bandal, que siempre tienen que ocurrir de noche. ¡Como si la Virgen no tuviera, para aparecerse, horas mejores! En la oscuridad hay ocasión para muchas cosas... De noche «todos los gatos son pardos». El buen cura, falto de információn adecuada, se hacía simplemente eco de los muchos rumores y prevenciones que andaban de ciertas bocas a muchos oídos... ¡Cuántas veces, y desde muy pronto, ha bro– tado en torno a los sucesos de Garabandal la suspicaz pregunta: ¿Por qué de noche? Los objetores creían encontrar aquí una buena base para la desconfianza o la recusación. Y era fácil pasar de eso de la «nocturnidad» a admitir como muy probable la presencia de ías otras dos «agravantes»: «premeditación y alevosía»... Si no por parte de las niñas, sí de parte de no sé qué personas o grupos, que las venían presionando cada vez más, con el consentimiento, hábilmente disimulado, de sus padres. Yo mismo he oído sobre esto cosas bastante peregrinas, cuando no ridículas. Lo ex– traño es que hasta un obispo, monseñor Puchol, llegara a recoger tales suposiciones -«tremenda presión»- en un documento más o menos «oficial» 14 • Como la pregunta «¿Por qué de noche?» acosaba reiteradamente a las niñas, y a los que estaban a su favor, por fuerza ellas habían de pasársela a quien decían ver en sus trances. Así ocurrió muy especial– mente a los diez días de lo del agua bendita, el 8 de septiembre, jor– nada que, como de especial signo mariano, fue distinguida entre las de Garabandal. Tenemos una pequeña historia de esa jornada. «Al aire de curiosear los extraordinarios acontecimientos que allí tenían lugar, un día escalé montaña arriba hasta llegar a Garabandal. Era señaladamente el dí 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen, y confieso que lo hice con provecho.» Así cuenta de su primera visita a la famosa aldea, don Julio Porro Cardeñoso, ca– nónigo de Tarragona. Dice que en aquella hora afortunada «se le llenó el espíritu de brisas», que allí encontró «rumor de arroyo y vastedad de arcano ... » 15 • 14 «Nota» a los medios de· Comunicación, 17 marzo 1967. 1s Este benemérito sacerdote se convertiría pronto en uno de los más de,cididos y competentes paladines de la causa de Garabandal.

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