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Se fue con prisas a la montaña 211 nes, esta vez sólo hacia Catherine, hasta el punto de quedar casi encima de ella, en una postura imposible de sostener y sin un solo movimiento de balanceo o pérdida de equilibrio: instintivamente tendimos las ma– nos, pues parecía imposible que no se desplomara, pero nos dijo don Valentín: "Dejarla, que no se cae". Estuvo así unos segundos, y volvió a la posición normal. Yo tenía la impresión de que ellas eran como llevadas hacia donde se movía la aparición, o la Virgen, sin apartar nunca los ojos de Ella, y que esto las obligaba y las mantenía en las más difíciles o llamativas posturas. «Finalmente, las dos niñas empezaron a decir a la Virgen: "¿Aquí? ¿Rezamos aquí ... ?" Y sin echarse a la calle como tantas otras veces, allí mismo se pusieron a rezar -¡y cómo lo hacían!- una estación a Jesús Sacramentado, a la que nos sumamos nosotros lo mejor que pudimos. Luego, vinieron las despedidas: ponían sus caritas, primero una, des– pués la otra, en ademán de recibir un beso en cada mejilla, mientras decían con el más vivo anhelo: "¡No te vaigas tan pronto ... ! ¡Quédate un poquittn más...!" No sé cuánto había durado aquello; pero cierta– mente más de media hora.» Ascensión de Luis guarda un recuerdo bien preciso e imborrable de lo sucedido en aquel 28 de agosto de 1961. No sólo por la dimensión que todas aquellas cosas tenían en sí, y respecto a su amiguita france– sa, sino porque era su primera subida a Garabandal (habían de seguir bastantes otras, pues esta señorita burgalesa es de las personas mejor vinculadas a los famosos «sucesos»), y precisamente en una fecha para ella singularísima: la del aniversario de su madre de la tierra, fallecida un 28 de agosto. En relación con esto, tuvo ella entonces, de parte de la del cielo, «detalles» maravillosos, en el momento en que las niñas dieron a besar el recordatorio de la fallecida, dentro del cual, escon– dida, iba una pobre hojita de calendario, pero una hojita con «historia». Catherine hubo de seguir luchando contra la incomprensión y opo– sición de sus padres. Mas al fin, providencialmente, pudo volver a España en 1963; más providencialmente aún, logró el necesario permiso para quedarse temporalmente a trabajar en Burgos... y el 20 de octu– bre recibía solemnemente el bautismo en su grandiosa catedral. Las «niñas» no habían insistido por ella en vano: en varias apariciones se les oyó recordar su caso, y repetir después de sus súplicas: "¡A los 21 años ... Cuando sea mayor..." Sí, a los 21 años, en su mayoría de edad, Muriel Catherine X. entró en la familia de los hijos de Dios con el nombre bien cristiano e hispano-francés de María del Carmen Ca– therine. Tal vez ni ella misma acertaría a medir la profundidad y anchura de aquel misterio de salud al que había sido llevada, con tan decisiva intervención de la Madre que nos visitaba en Garabandal: «El día en que se nos manifestaron la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor por los hombres, no precisamente a causa de las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino a impulsos de su sola misericordia, El se puso a salvarnos mediante el baño de la rege– neración y de la renovación en el Espíritu Santo. Ha sido este Espíritu lo que El ha querido difundir profusamente sobre nosotros~ por Jesu-
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