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210 contenido habían rociado el suelo de la cocina poco antes de comenzar la aparición». Creo que a cualquiera le será fácil captar el misterioso alcance de este suceso. Aquella criatura de diecinueve años, por la acción mise– ricordiosa del Padre Celestial, había llegado ya a la fe ...; pero aún le faltaba algo para entrar de lleno en el Pueblo ,de Dios, para contarse en el número de sus hijos: «Id por el mundo entero y predicad la Buena Nueva a toda criatura. Quien creyere y SEA BAUTIZADO, se salvará,· quien rehuse la fe, será condenado» (Me. 16, 15-16). El cielo intervenía así milagrosamente para animar a Catherine a dar el ü:ltimo paso en aquel proceso de entrada por los caminos de la Salud. Y aquella sin– gular intervención tuvo buena acogida, como luego veremos. «Poco d~spués -prosigue Ascensión de Luis-, vimos a Loli buscan– do con mucho interés entre los objetos besados; y repitiendo, como preocupada: "La suya, la suya... ¿Dónde está la suya? Era muy peque– ñita..." Al fin, como si alguien misteriosamente la guiara, echó la mano al suelo y recogió de junto a sus pies una imagencita de la Virgen de Lourdes, de dos o tres centímetros lo más; era de Catherine, y se la habíamos entregado a las niñas (junto con el rosario y algunas medallas mías) cuando entr.amos, y ellas_ la habían puesto entre los muchos objetos que esperaban el beso de la Virgen; en el curso del éxtasis se les había caído al suelo. La imagen era tan diminuta, que yo estoy segura de que en una cocina de tan poca luz, hubiera sido im– posible encontrarla, de no estar guiada por alguien la mano de la niña... «Loli levantó el brazo para dar a besar la imagencita; mas a pesar de estirarle cuanto pudo, parecía que no llegaba. Entonces tomó las cosas que tenía en el regazo o sobre las rodillas, .Y se levantó: dejó las cosas en el banquito, y se estiró cuanto pudo sobre las puntas de los pies... Pero se veía que tampoco así llegaba. Entonces se. levantó a su vez Jacinta, tomó a Loli por las rodillas sin el menor esfuerzo, y la elevó como si fuera de pluma. Yo ;no he visto cuadro más bello: las dos niñas con la cabeza hacia atrás, su cara irradiando la. más inefa– ble felicidad, sonrientes, haciendo con gracia insuperable todos los movimientos... Loli, brazo en alto, trataba de llegar con su imagencita al misterioso ser que estaba allí. Pareció haberlo conseguido, y Jacinta la bajó en seguida mientras decía hacia arriba: "¿Yo ... ? ¿Se la doy yo .. .? ¿Que se la meta en el bolso... ?" Se acercó a Catherine, que casi no respiraba de emoción (Catherine estaba sentada en otro de aquellos banquitos tan bajos, y no se podía apreciar si su chaqueta tenía bolsos o no), sin mirar dio en seguida con uno de sus bolsillos: "¡Aquí, aquí está el bolso!", y metió en él con todo cuidado aquella imagencita, que parecía tener bastante más importancia de la que representaba su 'ta– maño. «A renglón seguido, las dos niñas (a las que teníamos en frente, de pie) se empezaron a inclinar, rígidas; hacia nosotras, en muy di– fícil postura, como para no poder sostenerse sin caer... , y poco des– pués, con naturalidad asombrosa, volvieron a la posición normal. Al con– tarlo, esto puede parecer...qué sé yo; pero respondo de que contemplarlo era una verdadera maravilla, por la expresión de sus caras y la gracia de sus movimientos. Nuevamente Loli empezó con aquellas inclinado-
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