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Se fue con prisas a la montaña 209 Aquello llenó también de alegría y seguridad a todos los presentes, pues era de suponer cuál había sido la respuesta de fa aparición a los temores expresados por las dos pequeñas... Una escena muy similar ha– bía ocurrido ya cuando las apariciones de Lourdes. «Las dos niñás -continúa Ascensión de Luis- estaban sentadas de– lante de nosotras, en unos banquitos pequeños 'y bajos, como los que áún se ven por cocinas de aldea, y en su regazo tenían los objetos religiosos que les habían dado para ofrecerlos al beso de la Virgen. Tan pronto como se les pasó el susto, empezaron a hablar de Catherine, pues les oímos clarámente: "¡No es católica! No, no es católica... Está sin bautizar... Anda, ayúdala ... ¡Ah!, por sus padre ..." Estuvieron un ratito con el mismo tema; y luego empezaron a ofrecer a la visión los objetos que tenían sobre las rodillas. «Era algo digno de verse. Sin agachar la cabeza ni mover la mi– rada del punto en que estaba fija, iban tomando los objetos uno a uno, levantaban con mucha gracia el brazo como hasta alcanzar los labios de quien debía besarlos, estaban así unos momentos con el brazo en alto, y luego los dejaban en su lugar. Cuando le llegó el turno a mi rosario, se les oyó decir: "¡Ah! Con este rosario ha aprendido (Ca– therine) a rezar... ¿Que por él ha rezado sus primeras avemarías ... ? Sus primeras avemarías .. ." Era Loli quien ofrecía mi rosario, y no de– jaba de repetir esto. Iba a depositarlo ya entre los demás objetos, cuando lo tomó en su mano Jacinta; y de nuevo lo levantó hacia la visión, repitiendo a su vez, como si aquello le hubiera llegado muy adentro, lo de "¡Sus primeras avemarías! ...· Sus primeras avemarías ..." Finalmente, lo dejó sobre las rodillas de Loli, unido a todo lo demás. Mi emoción era enorme; y lo fue aún más cuando me enteré de que seguramente era el único objeto que había recibido po:r: dos veces el beso de la Virgen. Porque me dijeron que cuando las niñas ofrecían algo que ya había sido ·besado una vez, aunque hiciera mucho tiempo, solían bajarlo en seguida diciendo: "Dice que ya está besado". Por eso, desde entonces, guardo este rosario como un verdadero tesoro. «Cuando terminaron de ofrecer a la Virgen todo lo que .tenían allí para eso, les oímos preguntar: "¿Ahora? ... ¡Bueno!" Y Loli echó la mano hacia atrás del banquito donde estaban sentada, hacia el frasco del agua bendita que había dejado allí: lo tomó, lo destapó y tiró con fuerza el agua hacia arriba, enfrente de ella.. ., y entonces pudimos darnos cuenta de una pequeña maravilla: el agua no vino a caer donde naturalmente debía haber caído, sobre mí, que era quien .estaba más cerca y enfrente de Mari Loli, sino que, haciendo . una misteriosa in– flexión en su trayectoria, fue a caer en forma de pequeña ducha sobre Catherine, que estaba frente a Jacinta. Don Valentín, que estaba casi pegando a Catherine, detrás, me aseguró que a él no le había caído ni una gota; yo, que la tenía cogida del brázo -nos apretábamos la una contra la otra por la emoción-, puedo testiguar que tampoco me al– canzó nada; en cambio, Catherine sintió ampliamente el misterioso "baño" no sólo en la cabeza, sino también en el vestido y hasta en los pies: "¡Si me hfl empapado!. .. " Y debo decir que se trataba de un frasco muy pequeño, y que no estaba lleno del todo, · pues con parte de su

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