BCCCAP00000000000000000000758

Se fue con prisas a la montaña 2m Las cosas se aclararon pronto, pues entre las dos se había creado ya un excelente clima de comprensión y mutuo afecto. ¡La francesita no era católica... ! Peor aún: no tenía religión alguna. Y no precisamen– te por- culpa de ella. Su padre era judío, su madre protestante; pero ninguno de los dos «practicaba». Y como resultado, los tres hijos que tenían habían crecido sin instrucción ni preocupación religiosa alguna. Estos descubrimientos llevaron a Ascensión a un mayor interés y casi maternal solicitud por Catherine. Le parecía que Dios y la Virgen se la habían confiado, para que fuera poniendo ante ella los horizontes de la Fe y de la Esperanza, para que Ja introdujera en el camino de la Salud. Encomendó el asunto a la Madre del cielo, y puso manos a la obra. «-Me quedé no poco impresionada cuando me dijo que ella no tenía ninguna religión. Yo le dije que no era posible vivir así, que debía acep– tar la de su madre, o la de su padre... , o bien, puesto que me había conocido a mí, que era católica, podía interesarse también por nues– tra religión, que es la más exigente, pero también la más pura, ¡la verdadera!, y así, contrastando unas con otras, podría ver cuál la acer– caría más a Dios. «Empezamos en seguida las instruccione~, y las mantuvimos con constancia durante julio y agosto de ese año>-'. Catherine respondía bien, pues era un alma recta; y hubo hasta su poquito de emoción en sus primeras experiencias, en sus primeros rezos... (Ascensión recuerda su arrodillarse juntas ante una imagen de la Virgen ·de Fátima, con unos detalles que realmente impresionan, y las primeras avemarías de la «discípula» por el rosario de plata que As– censión tenía y usaba como preciado tesoro...) «-Como a Catherine le gustaba mucho España y el idioma se le daba muy bien, se decidió a escribir a sus padres para que la dejasen estar aquí más tiempo. Le contestaron que podía ir a recoger su ropa de invierno, y así lo hizo. Marchó a París ya muy preparada en reli– gión, y dispuesta a decir a sus padres que se haría católica. Creía que, al no haberle dado ellos ninguna religión, na:ia les importaría que ella abrazase la que mejor le pareciese... Pero no fue así. Cuando dijo a sus padres lo que pensaba hacer, ellos reaccionaron con violencia, y el padre le gritó que ¡cualquier cosa, menos hacerse católica!, pues esto supondría una verdadera deshonra para la familia... Unido esto a la poquísima simpatía que ya nos tenía él a los españoles, la conse– cuencia fue que no dejó volver a Catherine. «Pero yo me seguía escribiendo con ella; y en el mes de julio del año siguiente, 1961, vencidas providencialmente muchas dificultades y la cerrada oposición paterna, Catherine se presentó aquí de nuevo. A los pocos días, llegó por primera vez a mí la noticia o rumor de que había "apariciones" en un pueblo de Santander llamado San Sebastián de Garabandal..., y lo que entonces se me ocurrió fue esto: "Si en Lour– des y Fátima se ha aparecido la Virgen, ¿;,or qué no se puede apa– recer aquí?" «Pensé luego que, si aquello fuera verdad, cosa de Dios, bien podía estar aquí la última fuerza para la conversión de mi amiga...

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz