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<OdARA.N ATB:A». i EL SEÑOR VUELVE! «A:l final de los días, estará firme el monte de la Casa del Señor, asentado sobre los otros montes, por encima de todo collado. Hacia él confluirán de todas las naciones, a él marcharán pueblos numerosos. Y dirán: 'Venid, subamos al nwnte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob. Para que El nos instruya en sus caminos., y poda– mos avanzc.r por sus sendas'. Porque de Sión saldrá la Ley; y de Jerusalén, la palabra del Señor» (Is. 2, 2-3) < 1 >. Los israelitas de esos futuros días de su gran Restauración ya podrán entender bien lo que no su– pieron enter..der sus antepasados de los días de Je– sús: las palabras inspiradas de Zacarías a propósito del nacimiento de su hijo Juan Bautista (pero refi– riéndose a Aquél a quien éste debía 'presentar'): (1) Pueden verse también las gozosas estrofas del canto de Tobías que empiezan: « ¡ J erusalé:i, ciudad santa! Dios te crutigó por las obras de tus hijos, mas tendd otra vez piedad de los hijos de los justos... Y terminan así: «Todas las generaciones darán en ti señales de alegría; y el nombre del Elegido dural'á pol' siempl'e>> (Tob. 13, 9-11 ). Bien pueden aplicarse al glorioso Retorno del Señor, cuando desde Jerusalén se 'imponga' salvadoramente a todos los pueblos, las estrofas 'triunfalistas' dd salmo 68 (67): «Levántese Dios, y dispérsense sus enemigos... » -157 -

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