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TEMPORAS DE PRIMAVERA 539 nSería absurdo agradecerle que me desee tanto bien... Ya sabe cómo recibo sus deseos. Y <i1ls oraciones. Dígame qué opina de todo lo que le digo. Estimo en mucho su opinión. Aconséjeme. Contésteme ;muy pronto. »Y reciba e: cariño de la «pobreii Carmen.Ji El P. Fidel contestó a aquella larga ,carta ilo más detenida– mente que pudo ; y, como había hecho siempre, bien por carta, bien de viva v-c,z, fué diciéndole a Carmen lo que él creía ,era la verd.ad : unas u otras de cc,aquellas cosas¡¡ que Carmen no soporta– ría fácilmente ,;iniendo de otro, pero que en el P. Fidel llegaban a parecerle incluso .amables. Y era que el P. Fidel se las decía serenamente, razonando ; con •cariño, adem,ás ; con un cariño tan hondo en el ser.timiento cuanto sobrio en la expr,esi6n. Varias v,eces aparecían en la carta expresiones como .éstas: «Carmen: en esto no tienes razón. n O bien: ccCarmen: siento decirte que no estoy plenamente de acuerdo contigo en lo que escribes sobr-e ... n Las cartas de 1a muchacha, en conjunto, le gus– taban no poco al P. Fidel, por su ingenio, por su personalida9-y por su franca y espontánea rudeza. En la contestación ,a su última, d P. Fidel ponía reparos, por ejemplo, a la teoría de la muchacha sqbre casarse por enamora– miento ,y casarse 'por cariño... Le hada también ,ciertas observa– ciones sobre su tan proclamado amor a la verdad, y su pronta valentía o decisión para abrazarla, un vez conocida, con todas las conseouenc~as ; aquí insistía particularmente en la necesidad de ser hasta cierto punto humilde de corazón y de mente, para llegar a Dios, quien ,cese resiste a los soberbios)) ... Finalmente, se detenía ,lo necesario ,a invalidar. con pocas pero agudas reflexiones, las consecuencias sacadas por la mucha– cha de su lectura de Las ruinas de Palmira. Terminaba así: <cM,e e.xtraña, Carmen, que hayas encontrado casi tus delicias en una obra tan de v,eras ,ccanticuada» ,como esa de V:olney. Tan anticuada, y ya ·tan sin prestigio en los mejores ambientes intelec– tuales. Te ha deslumbrado el brillo ,que a veces saben poner en sus obras ciertas frívolos apr,endices de .fil6sotos o historiadores. Bien está que nuestros trasnochados ,ccHbrepensadoresn decimo-
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