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TEMPORAS DE PRIMAVERA 531 podréis manteneros firmes hasta en las más ingratas tareas de apostolado.» Del espíritu de «Azuoenan, ya casi veterana en aquel minis– terio de enseñar ,a los pequeños y dar buen ejemplo a los gran– des, participaban más o menos sus cinco compañeras, dispersa– das por los más alejados pueblos de la :provincia. La más jovencita de todas, Araceli, un verdadero encanto de muchacha, con no sé qué de diáfano, de :generoso, de primave– ral flotando, scbre su melenita castaña y su graciosa naricilla, llegó una oscura tarde a su escuela... Aquella noche se durmió con una tristeza horrible : se en• contró de :pmnto tan huérfana y sola, tan alejada de todo lo amable que había llenado su vida, que tuvo que hacer grandes esfuerzos para que su lloro no humedeciese demasiado la almo– hada. No, no podría resistir: al día siguiente, ,con cualquier discu1pa, o sin dis,culpa ninguna, cogería otra vez el coche de Hnea ,en el pueblo inmediato para volverse a León... Pero a la mañana sigúiente, a través de los cristales empa– ñados. pudo ver que se anunciaba un día muy hermoso, y se sin,-, tió extrañamente confortada ; hasta le parecieron bastante bellos aquellos alrededores del pueblo que podía divisar desde su cuarto. Fué ,a misa. Había llevado su misal ; pero no lo abrió una sola vez. Tenía demasiadas -cosas que decir y que pensar allí, con el Señor... El rostro oculto entre sus finas manos, pasó todo el tiempo caro sin moverse. hasta el momento de la comunión. Las pocas per;; sonas que había en la iglesia la ,observaban con una rara curio– sidad: ¿ podría s,er de veras piadosa, y, humilde. y buena, aquella chica de ciudad tan bien vestida, tan guapa, tan bien plan– tada? Con el Señor en el :pecho, después de comulgar, se solucion6 todo ... Al salir de la iglesia, Araceli ya veía olaro su deber y su camino. Nada más desayunar y arreglarse un poco, se fué a la es.cuela: aún faltaba mucho para la hora de abrirla, pero quería estar antes ella sola allí, para inspeccionar, para limpiar y arreglar, para... Sobre su silla de profesora, 1 como a media pared, pendía
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