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TEMPORAS DE PRIMAVERA 523 tan fervorosa unción, que sus palabras llegaban a lo mejor del alma... «Tenéis que ser vosotr,os fos mejores ,adoradores, los más fieles a Jesús.,. Y tenemos que trabajar todos para que en esta nuestra ciudad eucarística la Adoración Nocturna de hombres sea una realidad esplendor•~sa. » · · Cuando al día siguiente, en el silencio de su celda, terminaba de leer el P. Fidel la carta de Carmen, el primer suspiro que le brotó del alma fué éste: ¡ Pobredta I Si anoche hubieras po– dido asomarte ,a San Isidoro, no dirías que .c<todo es materialis– mon, que ,c<todo es un asco», que el mundo ,está sólo 1 c<lleno de mentiras, de bajezas, de negacionesn ... Mucho abunda todo esto; ;,ero hay también algo más que esto. A últimos de enero hubo que dar sentido .adiós a varios miem– bros de la Juv,entud femenina. Eran seis muchachas, piadosas, inteligentes y simpáticas, que recién acabada la carrera del Ma– gisterio, y con muy buena puntuación en las últimas oposiciones, tenían que mar,char· a sus escuelas correspondientes. Sólo una de ellas, nuestra conocida 1 «Azu::ena», era ya algo v•eterana en estas Hdes de la enseñanza en p·..ieblecitos ,apartados; las dem,s iban como «novicias»: llenas de ilusiones y proyectos, pensando hacer muchísimas cosas inmejor,ables, ,y... , sin poder comprender que en su nueva vida, máxime durante los pr.imeros meses, , habrían de encontrar tanta dureza y amarguras como alguna vez se les había dicho. ¿ No iban ellas con las mejores dispo– siciones, a trabajar de v,eras, a amar a todos y a sacrificarse por todos? Pues ,entonces, ¿ quién podría mirarlas mal?, ¿ quién ha– bría de ponerles dificultades? Y si a pesar ,d.e todo la vida resul– taba dura en aquellos rincones apartados de la provincia, sabrían ofrecérselo muy ,generosamente a Dios. c<Azucena)), al fin, tuvo que abandonar su escuelita de Villa– cho.pos, por imposición de ,]a familia. Ahora había ganado es– cuela en una importante villa del Bierzo ; y allá se 5.ha , con los mismos afanes apostólicos de siempre. El P. Fidel sentía enomiemer:te la marcha de aquellas chicas, porque eran de lo mejor de su Juventud. Le consolaba pensl".;¡:-

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