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516 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA en él, sm atención ninguna a su fin (,y más aún, estorbándolo positirvamente), ,es lo que constituye el desorden o pecado, que,, Dios tanto aborrece. ¡ No somos nosotros para el placer. sino el placer, en nosotros, para facilitar la consecución de ciertos necesarios objetivos ! »El fondo simple y desnudo de ese tan desorbitado «prob}ema sexual» lo tenemos aquí: c6mo gobernar deb.idamente nuestro fuerte instinto sexual, ordenándolo a su verdadero fin, y some– tiéndolo a la disciplina querida por Dios. El instinto no es malo en sí mismo, como no son malos en sí mismos los apetitos de comer, beber. etc.; lo malo está en no ponerle brida, o en soi– tarle las r.iendas, ,con ilo que se llega ,al desenfreno... , y tal vez se termina por señalar como fin de la misma vida, algo que sólo tiene razón de ser ,como simple medio de transmitírsela a otros. »No olvidéis, pues, queridos amigos, esta verdad fundamen– tal: las rda:ciones sexuales no se han hecho para el placer, sino que el placer se ha puesto en tales relaciones para que no se descuiden unos actos de los que pende el que siga habiendo en la tierra seres racionales que conozcan y alaben a Dios. ¡ Cui– dado con d desorden en nuestro pequeño mundo personal-si hay tanto desorden en el mundo grande exterior es porque abun– dan. superabundan, los hombres interiormente desordenados- ! ¡ Que no es lo mismo, por ejemplo, comer para vivir, que vivir para comer !... ¡ Orden y disciplina ,en todo I Así como Dios quiere sometido el «gustoll propio de unas operaciones humanas a las reglas de la santa «TEMPLANZAn, así qui,ere también. y lo tiene mandado, que el :placer propio de otras se someta a la disciplina de ,la «CASTIDAD)), o a las leyes del «MATRIMO– NIO». llBien sabemos todos que no es fácil, ni mucho menos, el ordenar bajo d imperio del espíritu este confuso y pujante mun– do animal que hay en el hombre. Pero tenemos que aplicarnos decididamente a ello: es nuestra gran empresa moral, ~s cues– tión de vida o muerte. El desorden de la impureza estropea nuestro pobre vivir actual y compromete muy en sedo nuestra esperada vida futura.

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