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504 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Nocturna leonesa en San Isidoro, y las chicas tuvieron su propia «Vigilia» en la misma forma que el año precedente. Hacia media tarde del último día de aquel último mes, el Padre Fidel, absorto en sus pensamientos, miraba desde la ven– tana de su celda a aquel jardín conventual tan querido, y que se mostraba ahora talado de hermosura por la crudeza de la estación. ¿ En qué pensaba el Padre? Seguramente, recuerdos de aquel año ya en agonía ... Y seguramente también, preguntas, proyectos y esperanzas para el año que iba a comenzar. i Cuánto había soñado y luchado a lo largo de doce meses! ¿ Podría re– matar felizmente en León ,e} nuevo período de otros doce meses que ya tenía al alcance de la mano ? El s6lo podía responder de una cosa : de su buena disposi– ción de ánimo para seguir dando cuanto pudiera al servicio de Dios y de las almas de Dios.
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