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TEMPORAS DE PRIMAVERA 495 »Grandes eran mis :luchas. Yo quería... , y no quería. Así oon• tinuaron las ,cosas hasta fines de mayo pasado. Aquel roes d.e 1a Virgen me trajo mucha luz. Pero yo no quería tanta c}arid:ad... i E.Ta horrible verme llamada a renunciar a mis sueños de felici– dad, en el ;pnnto en· que más hermosos y seguros me paredan ! Sin embar,go-y- tú ya sabes que nunca fuí muy rezador,a-, in– tensifiqué mi vida de piedad, comencé a hacer meditaci6n, y, cosa que nunca me hubiera imaginado, frecuentemente en aque– llos ratos de soledad ,con Dios llegaba a ,sentir una di,cha extraña, inexplicabJe. Me pared.a entonces que ,todo lo del mundo era hueco, sjn s·.1stancia, sin a 1 ltur:a... Con ,todo, yo no acababa de entreg,arme. ¿ No podía amar también mucho a Dios, sin nece– sidad de hacerme ,monja y misionera? Las monjas me eran poco simpáticas desde mis días de colegio. })Mas Ileg6 el verano, y todo aquello de la vocaci6n pareci6 desvanecerse. Veraneé poi varios lugares... ; lo pasaba estupen– damente ... , ¡ y con el novio!, que me parecía más solete que nunca. Llegué casi a convencerme de que todo aquello del con– vento y los ,leprosos no había sido más que una estúipida pe• sadilla. »El otoño se me ha pasado sin darme cuenta, y he aquí lo que me ,acaba de ocurrir : Hace dos días, d dia 12, fiesta de la Virgen de Guadalupe, hada las diez de da noche, y,o me encon– traba rya er.. la cama, y para hacer sueño se me ocurrió echar mano del calendar~o misional: una hoj,a, otra... De pronto me quedo leyendo algo: ,ccSi quieres, puedes venir... Te dice el Señor: VEN Y SIGUEME. Yo quiero que tú seas mi misionera.,, ¿ Estaba ,aquello escrito ,allí ,o fué alucinación de mis ojos? No sabría decirlo ; pero en mi alma sonaba ,darísima la llamada de Dios. No hizo falta más: dejé de leer y di un salto en la cama. Ar.rodillada y emocionadísima, dije : JESUS MIO... SERE TUYA ... TE SEGUIRE. Cogí mi ,crucitfiio y lo cubrí de besos, y de Jágrimas, y... de promesas. »Eso fué todo. Ya ves qué cosa más sencilla. ¿ No te asom– bra que en tan pocos segu::idos se decida tan radicalmente el destino de una persona? >lAhora estoy comenzando lo más diHcil: dar los pasos nece– sarios para que sea ,efoctiv.o el renunciamiento a todo. No pue-
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