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TEMPORAS DE PRIMAVERA 493 del templo. Aquella hora y media que acababan de vivir era de las que no pued~n ,comprarse con todo el oro del mundo. El P. Fide 1 l había 'preparado a ocultas un sencillo din de jornada». Hizo pasar al salón a ambas Juventudes, con los pe– queños Cordígeros, y les dió a todos la sorpresa de encontrar unas mesas llenas de pastas y pasteles con sus correspondientes botellas de v.ino ,generoso. En medio de la más fraternal y fran– ciscana alegría se fué dando ,cuenta de ,todo aquello ... Y todos, al acosl:arse aquella noche, se dieron cuenta de que habían pasado ~al vez el más hermoso ,cedía de la Inmaculada» de toda su vida. IV Pocas fechas más tarde, Anita, simpática joven terciaria, r-ecibía una carta de su amiga Rosa María de los Angeles, que estaba pasando con su familia una temporada en la finca que tenían por Extr,emadura. (Rosa María era la muchacha que se había ,cC'puesto de largo>> en las últimas Hestas de San Juan, y que estaba enconhando demasiadas ccrnsas» y fac,ilidades ,en su ca– mino.) ,ce Queridísima Anil:a: »Eres la amiga a quien ,más quiero y rvas a ser la primera en saber el ,gran secreto que .me llena el alma. Probablemente te asombrarás... »Mira: por fin ha hecho explosión a}go que hace algún tiem– po bullía en ,:ní, y que nadie, juzgando por i}as apariencias 4_e mi vida, hubiera podido .imaginarse. ¡ VOY A SER MONJA! El amor de Jesús acaba de triunfar en mí. Ha triunfado plena– mente sobre ·todo otro amor. ¡ SERE TODA SUYA! Y 'por El me consagraré de lleno ,a las almas.... ¿Dónde? ¿Cómo? Donde Jesús quiera, donde más gloria pueda dar,le. Quizli en la India, y tal vez entre leprosos. »¿ Qué dices? Me ,parece -_,er tu s •impáti.oa cara, expresando el mayor asombro: ,«Pero ¿ es posible? ¿ Es posible que Rosa María, tan alegr,e, tan presum:da, tan van~dosiBa, tan •feliz entre sus admiradores y amiig,os... Bueno ; es ,como para quedarse ,con
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