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478 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA esto o con lo otro por el -gusto de armar -camorra ; se metía con quien fuera, :por afán puro de verdad y rectitud. Mas cuando ella ,creía que .algo debía ser denunciado, se ponía ,a hacerlo valientemente, sin cuidarse mucho de que ,e} culpable estuviera alto a bajo. ·«i SON DIEZ LOS MANDAMIENTOS!» se ,gritaba -el 26 de noviembre en la Sección «Desde el parapeto de la verdadH. »Sí ; diez son los Mandami,entos de la Ley de Dios ; pero hay bastantes católicos de «iglesia», que parecen ignorarlo. ¿ No los conocen ustedes? »Nosotros encontramos frecuentemente por ahí' .((damas». y «caballeros» muy píos, honorables, y tal, que no cesan de cla– mar con ardiente celo~y en esto hacen bien-contra la inmo– ralidad reinante, y ila desver,güenza de los jóvenes de hoy... Pero este celo por el sexto mandamiento, que prohibe los ilegítimos desahogos de la -carne, { lo tienen también poi otros mandamien– tos, que son de tanta obligación? Que se examinen acerca d~l séptimo, el cual prohibe perjudicar al .prójimo en las cosas ma– teriales ... Que se e~aminen también acerca del «super:manda– miento»--,el más inculcado y querido de Jesús-, que nos obliga a amar al prójimo como a nosotros mismos, más aún: como El, Cristo, nos amó. »Frecuentemente, esas damas y caballeros tan píos y tan ce– losos de la honestidad pagan a sus obreros, o empleados, o mu– chachas de servicio, unos salarios de hambre, y en sus indus– trias o oomer-cios venden las mercancías a :precios abusivos, o «colocan» con engaño a ,la c,Jíentela productos averiados o de ,pésima calidad... Proceder así. ¿ no es un daro saquear la bolsa a ,centenares de prójimos? Dejémonos de eufemismos, de pala– bras suavces, y llamemos a las cosas por sus nombres. Quienes hacen lo anteriormente dicho, con toda su piedad, su honora– bilidad y su celo, a los ojos de Dios no son más que unos vulga– res ladrones. »Otros, demasiado bien instakidos y acomodados en ,la vida, no roban; pero no cumpl-en suficientemente con el deber sacra– tísimo de la caridad: ni aman de veras al prójimo, ni le soco– rren en sus necesidades, ni se toman la más pequeña molesti~ por él.

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