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472 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA día de retiro. Aunque más que de .,cdfa>> hubiese estado mejor hablar de ccrato» de retiro espiritual, pues no se :podía hacer otra cosa. En tales drcunstancias era cuando el P. Fidel más echaba de menos un focal donde ,poder moverse con el debido orden e independencia. En la gran ig,lesia del convento, abierta a todos de la mañana a la noche, y utilizada también por la comunidad para sus propios actos, los del retiro tenían que andar como ju– gando al escondite, y nunca salían del todo bien las cosas. Este retiro de Cristo Rey ni había sSido ni sería el único. Ya se habían celebrado algunos más, tanto para ,ccellos» como para ((eUas». Y con el nuevo curso, eJ P. Fidel, echándose un trabajo más a su ya bien copiosa tarea, estaba empeñado en regularizar la celebración de tales retiros, ,teniéndolos todos los meses. No olvidaba nunca que el sacar fervorosos cristianos de aquellas almas juveniles era el fin primordial de todas sus actividades. A todos había que llevarlos a la v,ida eterna ; pero la vida eterna tiene ya su comienzo en esta vida breve, segÚn lo dicho por Jesús: ((Esta la vida eterna: que te conozcan a Ti, Padre, el solo Dios verdadero, y a quien Tú has enviado: Jesucristo» (Juan, XVII, 3). Por eso, la mayor alegría del P. Fidel de Peñacorada no esta– ba en los actos externamente sofomnísimos, ni en el flamear de banderas, ni ,en la creciente difusión de ,ccAv,anzadilla», ni en la aureola que se iba formando en torno a la Orden Tercera fran– ciscana, por mucho que todas estas .cosas le agradasen. Su mayor alegría estaba en ver que. poco a poco, cada mes eran algunos más los chicos y chicas que por su cuenta e iniciativa tenían ((detalles» de verdadera vida espiritual. Expiraba ya su segundo otoño de apostolado en León... Bien podía agradecer al cielo el que también en este segundo otoño continuaran abriéndose las flores.

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