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470 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA de apuntar o suministrar ideas, para que luego cada uno, por su cuenta, las vaya rumiando o asimi,lando. Habló a continuación el P. Fidel sobre la hermosura de la castidad, explicando su símbolo: la gentil azucena... , y refirien– do algunas de las extraordinarias ponderaciones que le han de– dicado muchos santos y ,almas espirituales... Ya se iba a levantar aquella :primera sesión sobre dicho tema, cuando, después de no pocos titubeos, se decidió a í,ntervenir Fernando Cordón Vázquez: - Todos conformes con la ,extraordinaria hermosura de la pureza... Pero j qué sé yo ! Bastantes veces he oído entre hom– bres, frases o ,conversaciones que tratan de quitar importancia a los pecados que se cometen contra ella ... Todavía tratándose de la mujer... Pero ,entre hombres... ¿ no le parece a usted? No hablo por mí mismo, que siento :plenamente con la Iglesia, smo para p}antear dificultades que a todos nos salen ,por ,ahí. -Me parece muy bien tu intervención. Y o quiero que esto sea movido, que no os limitéis a escuchar. »No disponemos hoy de tiempo :para responder adecuada– mente a lo que deseas; otro día podremos hacerlo. De momento, quizá baste traer •aquí ciertas frases de San Pablo. »Escribe a los Gálatas: «Manifiestas son las obras de la car– ne: fornicaci6n, 1mpureza, libertinaje ... , embriagueces, orgías y otras semejantes a éstas. Pues sobre todas ellas os repito lo que ya os dije antes: que quienes se dan a tales cosas no lograrán el Reino de Dios.» »Si los pecados deshonestos de los hombres fueran de tan poca monta ,como quieren algunos, é crees tú que el Apóstol iba a hablar tan severamente, amenazando con una eterna pe:t'dición fuera del Reino de la Vida? »En otro pasaje no les hablaba más suavemente: •«No querais engañaros ; de Dios no se burla nadie ; y según lo que el hombre sembrare, así será la cosecha. Quien siembre para la carne, de la carne cosechará corrupci6n.» Y decía asimismo a los Romanos: ccSi v1viereis conforme a las exigencias de la carne, morireis.n »Los hombres, ami,go mío, encontrarán muchas razones para quitar importancia a sus propias claudicaciones ; pero Dios tiene también su criterio, y ,por éste seremos juzgados. ii

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