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462 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Por el mes de octubre ,la situación familiar y econ6mica de Carmen del Río empezó a tener mejores perspectivas. Salió su padre de la cárcel; regres6 su hermano del serv,icio militar, cumplido ya el tiempo reglamentario. Pronto varios amigos bien situados les ofrecieron su ayuda, mientras se les buscaba ,alguna colocación. Lo que no acababa de entrar :por caminos de mejoría era la situación espiritual de la joven. Parecía cosa imposible prender de nuevo en su alma la llama de la fe. Y en ouanto a la situación moral. nunca había estado ella en mayor peligro. Desde hacía varias semanas, cierto señor «de muchos cuartos» la asediaba de continuo con vivo y sospechoso interés ; se ofrecía a -arreglar inmediatamente todos sus proble~ mas económicos, le :prometía cuanto dinero quisiera para sus caprichos... : «T(1 no estás hecha para vivir entre estrecheces; tienes talento y ti:po y cuanto -necesita una mujer para triunfar>) ... Días hubo en que la pobre Carmen ,estuvo a punto de ceder: e qué o quién podía impedirle a ella hacer lo que Je diera la gana? ; ,eHa se reía de la mor,al y de todos los prejuicios sociales, que eran sólo pamplinas impuestas por los hipócritas burgueses ; por lo demás, no haría más que 1o que estaban haciendo, con m.ayor o menor descaro, otras muchas... Una mañana en que el soplo del mal espír-itu agitaba con mayor violencia su alma, llegó ella hasta concertarse con el fulano sobr-e la hora y lugar en que se verían por la tarde ... Mas por la tarde, a medida que se acercaba la hora, iba a:poderándose de ella un desasosiego, un nerviosismo, que no ,la dejaba parar. Y salió de :casa," sí; pero no en dirección a donde Ja esperaban, sino en husca de una amiga, a quien, naturalmente, nada dijo de cuanto le ocu– rría ; y luego fué a recalar en 1-a portería del convento de San Francisco: quería ,escuchar de nuevo palabras espirituales, pa– labr:as de .luz, palabras confortadoras. No fué aquélla su única peligrosa aventura. Casi todas las semanas le salía algún enamoradizo pretendiente, que juzgán.. dofa por las apariencias, o algo informado de su situación, se acercaba a ella con no muy limpias intenciones, creyéndola pre– sa fácil. Mas Carmen del Río era terriblemente orgullosa, y aun– que en teoría se burlara de la moral y de los ((,escrúpulos», -en

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