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J'EMPORAS DE PRIMAVERA 461 »Sin embargo, nosotros, al traer su nombre ,a las páginas de un periódico religioso y juvenil, no vamos a lanzru:: una vez más contra él anatemas fulminantes. Sería esto caer en el lugar co– mún... de la acera de enfrente. Sólo queremos deoir sobre don· Pto algo perfectam.ente justo: »El autor de Zalacaín •es un gran noverlista, un gr,an escritor ; 11.adie se lo puede negar, y nosotros se lo concedemos ,muy cor– dialmente. »Pero es también-y sí que es doloroso tener ,que decirle esto a sus setenta y tantos añ,os-un GRAN EQUIVOCADO. »~oda su vida mediocre de bur,gués sin grandes ambiciones, toda su ohra rebelde, violenta a veces, tienen la ma11ca incon– fundible del error y del ,extravío. Ahora, ya en la senectud, Pío Baroja viene a reverlarnos a través de sus Memorias una vida desolada, desgraciada y .tri,ste, ensombrecida sin remedio ... ¿ Por qué será? ¿ C6mo e,l solitario de Vera no ha podido contarno·s la inmensa felicidad de su vida, que pareda tan lograda lejos de Dios y de la Religión? Lo que ha ,puesto ,en nuestras manos es un libro desconsolador y desesperanzado. »:Pero ::lirá .:lon Pío: «Es que la vida es así: triste, dolorosa, aburrida.» >>-Entonces-le re:plicamos nosotros-¿ ,cómo •es que se dan por el mundo ,existencias marav,illosas, llenas de luz y de bondad? n-j Bah! Son los tontos o inconscientes. Eso de la felicidad es el luga: común de los soñadores. de los que se empeñan en n.o ver las ,cosas como son. »-¿Podría explicarnos el caso de San Francisco de Asís... , el de Santa Teresa, o el de San Fr,ancisco Javier, nacido allá en su misma tierra navarra? nDon Pío: lo que se necesita es un poco de humildad. Hu– mHdad para reconocer y confesar ante Dios las equivocaciones de la propia vida. Esto sí que no constituye ningún lugar común. »Sería una lástima, admirado don Pío, que a la altura de su ve5,ez no acertara a comprender la más necesaria de todas la-~ lecdones.»

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