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460 FR. EUSEBIO GARCIA.DE PESQUERA Cuando en el atardecer de aquel día quiso el Escalada acom– pañarla corno otras veces, ella, con bastante apuro, se atrevió a repliicar: -Te ,agradecería que no vinieras conmigo ... Parece que no le ,gusta ,a mi rnadr,ina... y además la gente empezará a deair en seguida que somos novios.... -Bueno, ¿ y •qué? e Es acaso algún pecado que nosotros sea– mos novios? María de ,Ja Grada se le quedó mirando con el mayor asom– br,o, y bruscamente •echó ,casi a correr. Francisco Campo había sido un empedernido lector de Pío Baroja. Le tenía como autor favorito, y le ponderaba sobrema– nera entre ,los amigotes, celebrando ruidosamente sus frecuentes bufonadas contra todo lo que parecía respetable. Y precisamente sobre su ídolo, sobre don Pío Baroja, se deci– di,ó a ,escribir ahora ,algo para «Avanzadilla». ·«Este senH don Pío, desordenado y simpático, ha tenido desde siempre la linda manía de meterse con los que él cree defen– sores del Jugar común. En todos sus libros aparece esta fobia de don Pío contra el lugar común, contra el tópico, sea de la clase que sea. Qu~zá se deba esto a que don Pío buscaba sin– ceramente la verd,ad, y, claro, la verdad suele andar lejos del tópico. »Pero he aquí que, a la postre, también el ilustre don Pío ha cafdo en el lugar común. Con el reciente Jibro de sus Memo– rias en la mano, hemos recordado un tanto confusamente toda su extensa obra ;scrita... , y nos hemos dado cuenta de que ta~– bién él tiene su lugar común. ¡ Cuánto se ha metido el escritor vasco, r~belde e individualista, contra Jos curas y los fraHes ! ¡ Cuánta burla y cuánta mala intención al hablar de ellos y de sus cosas! »Ahí está el «lugar común» de don Pío. Incurriendo inexcu– sablemente en lo común, en lo tópico de su tiempo, Baraja se ha mostrado siempre rabiosamente ,anticlerical, que era el más co– mún de todos los lugares comunes entre los hombres ilustres de su generación.
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