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TEMPORAS DE. PRIMAVERA 459 escondida, de la que ni siquiera al P. Fidel en aqud momento del adi6s quiso decir una palabra... No haber podido -conseg1,1ir el amor de María de la Gracia era la honda pena del jov,en. Se resignabc a la voluntad de Dios ; y sentía algún consuelo pensando que seguramente ningún otro hombre sería ,capaz de conquistar aquel amor, pues bien daro parecía que María de la Gracia, siempre tan encantadora, tornábas,e sumamente es– quiva cuando notaba algún ,conato de querer llevarla por ca.– minos de intimidad o -confidencia. Tr,ataba amigablemente con muchos ; mas parecía tener e,l prop6sito de no admitir e<relacio– nes>> con nadie. Y atendiendo a su notable vida de piedad, bien .. podía imaginar,se cualquiera que terminaría eli,gi,e~do al Señor como ,amor único de su hermosa alma. Esto pensa::>a Vanundas. Esto había ,pensado hasta hacía poco el mismc P. Fidel. Hasta hacÍc .poco... A la saz6n, tanto el Padre como la ma– drina de la joven iban notando en ella ciertos síntomas, que les hacían preguntars,e si ,aque,l corazón ,de veinte años no em– pezaba a despertarse hada ilusiones muy humanas... María de la Gracia se había colocado meses atrás en la Jefa– tura de Obras Públicas. Y ahora hablaba, y mucho, ·de un tal Escalada, compañero de trabajo y casi medio-jefe suyo... Habla– ba de él con :nocente espontaneidad, refiriendo cosas y salidas que a eUa le caían e,n gracia. Pero. según tod.as las .apariencias, ella le habí'.a caído aún más en gracia a,l caballero, pues éste la rodeaba de toda clase de atenciones, la ayudaba ,en su tr 1 abaj,o con la mayor solicitud, y huscaha cualquier pretexto p,ara acom- pañada desde la ,oficina a casa. ~ María de la Gracia hablaba de todas estas cosas con su ma– drina, y parecía estar muy lejos de comrp,render su verdad.ero al– cance. Tampoco acertaba ,a comprender la actitud de su ma~ drina: ¿ por qué mostraba poco ,agrado en todo aquello? ¿ es que ipodta haber allí'. aigún mal? ¡ ella no lo veía .por ninguna parte I La madrina s6,Jo le había dicho un día que no fuera de– masiado inger:u,a... , que no se fiara demasiado de los hombres... , que no anduviese con él fuera de la oficina, porque la ,gente en seguida empieza a hablar... -¡ Dios mío l ¿pues qué podrán de– cir ?-se preguntaba la pobre .chica.
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