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450 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA franciscanas. Las jóvenes habían querido como púncipal adorno y símbolo en su bandera una bella lnmaculada: ¿ no era Ella, ideal de su vida? ¿ no er,a además la ,principalísima Patrona de todas las Ordenes que reconocían ·como Padre al Serafín de Asís? La bendición tuvo ,lugar el 24 de septiembre, último domingo de mes. Se l,a rodeó de inusitada solemnidad. P,or ausencia del Sr. Obispo, también terciario franciscano, fué a bencedirlas el Sr. Secretario-Canciller de la Curia Diocesana. Había represen– tación oficial de las Autoridades... Y lo que más satisfacía al P. Fidel: estaban presentes todos los miembros de los Consejos Diocesanos de las dos Ramas juveniles de la Acción Católica, con sus r•espectivos consiliarios, y también el P. Director y P:i:,e– .fecto de la Congregación de los Luises. El P. Fidel los había invitado de manera muy especial, porque anhelaba vivamente la mayor unión frate1.,na entre todas ,las fuerzas católicas, y sabía que, por desgrada, no faltaban en los diversos grupos-singular– mente entre las chicas-algunos elementos que fomentaban, tal vez inconscientemente, pequeños resentimientos, envidias. bajas. ((Competencias», disputas ,o divisioncillas nada santas... Sabía que todas estas miserias brotan como las ortigas, sin cultivo, dondequiera se mueven hombres, y más aím mujeres ; sabía télllilbién que todo esto es muy viejo en torno al apostolado cris– tiano, pues y,a San Pablo, escribiendo a los Filipenses desde su prisión de Roma, ,les decía con pena que algunos se habían metido a :predicar el EvangeJio •«Por pura envidia y rivalidad», anunciando a Cristo, no limpiamente, sino por emulación, ima– ginando hacer más amargas mis prisiones» (1, 15-17). Pero ver tales ruindades, tal falta de vuelo en ,almas que debían conside– rarse escogidas, le disgustaba sobremanera... Bien es verdad que al fin trataba de reaccionar como el Apóstol: cc¿Qué im– porta que algunos obren así? Con tal que Cristo sea anunciado,. sea con sinceridad, sea por ruines motivos, yo me alegro y me alegraré». SL Dios podía servirse hasta de la mísera envidia, o rivalidad, u oscura ,gana de •c<ser más que tú», para llevar adelante sus planes, sacudiendo la indolencia de unos, y metiendo a otros en una actividad que podría ser luego convenientemente puri– ficada.
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