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444 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA sólo brotan frutos de esterilidad. Nunca verás ofrecer nada de valioso a una juventud ,ccdisipadan. -Pues dudo de que se encuentre remedio para ese desborda– miento de diversiones -que usted condena. -También yo lo dudo. La «diversión» atraerá siempre más que el trabajo y la ,ccconcentraciónn espiritual. Añádase a esto la des– aforada codicia de muchos individuos, que viven y engordan de montar diversiones, que ponen sus lucros pot encima de toda consideración espiritual o patriótica, fomentando y desorbitando por todos Jos medios la tan natural exigencia de diversión o recreo que hay ,en todo hombre, máxime durante la Juventud. »Y no se trata sólo de codiciosos particulares; en bastantes pueblos parece ya también que la principal misión de quienes ostentan cargos públicos es la de organizar ccfestejos»,. juergue– citas más o menos autorizables para mayores y menores. Hay que superar a las ,poblaciones vecinas o rivales... ; hay que lograr que cada año ccdeje tamañito» al anterior... ; hay que manten~r el bureo de dí'a y de noche-de noche, mejor-, sin ,limitaciones ni descanso, para que los jolgorios sean de verdad unos ,ccseñores jolgorios» y todos ,alaben a la comisión de festejos. · -Entonces ¿ usted cree que las autoridades no deben meterse a organizar fiestas ? ~De ordinario, no; y si han de ser muy costosas, mucho menos. No les dan el tiempo y el dinero para eso ... Más que mi opinión personal pueden valerte estos dos: de un santo ,y dé un gran escritor que no se preocupaba mucho de la santidad: >>El Beato Diego José de Cádiz, asombroso misionero capu– chino, predicaba en Ecija (año de 1778) una de sus grandiosas Misiones generales. Hubo cierto día un acto privado, sólo para las autoridades de la población... ; y el misionero no tuvo pelos en la lengua. Brevemente lo contaba él mismo luego, en carta a su director espiritual : ccFué mi asunto la obligación de un senado (corporación de gobierno) con su pueblo: cccelo>l en orden a las costumbres, y «solicitud» de sus cosas temporales. »En el cccelon hablé fortísimamente contra el abuso de tolerar escándalos en las personas ilustres ... , a quienes, por respetos humanos y otros motivos, ni se reprendía ni se castigaba. Dije
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