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442 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA ban claramente, y no ,cesaban de agradecer ,a Dios tan insigne, tan pedido y esperado beneficio. El muchacho había vuelto a confesarse... Y ,con ,ello se iba clarificando de tal manera su alma, que hasta en sus menudas expresiones externas podía señalarse fácilmente el cambio. Ya no era la :pesadilla dd hogar con su rudeza y sus desplantes ; la sombra casi constante de su ceñudo malhumor había desapareci– do ; había otra luz en su mirada ; ya no protestaba de todo ; estaba a punto de ser sobriamente cariñoso, y hasta empezaba a tener ·«detalles» que consolaban no poco a aquellas dos buenísi– mas mujeres que tanto habían sufrido por su c,ausa durante unos cuantos años. Y a no se ,le veía en ciertas compañías ; cumplía mejor con su trabajo ... ; y no se marchaba a su ,cuarto cuando la madre y hermana sacaban el rosario al fin de cada jornada... En cuanto a sus deberes religiosos, empezó yendo a la «misa de hombres», que se tenía a Ias doce de la mañana en San Francisco todos los días de precepto. Luego, ya le gustaba más asistir a una misa temprana, ,para coi:nulgar y «hacer las cosas rmejorn ... ---;C<•é No te da más, Carmina, que te l1ev,e el misal por hoy?» Así, varios domingos ; hasta que un día tuvo ánimo ,para entrar en una librería religiosa ,a ,la busca de un buen misal. .. ¡ Quién lo hubiera pensado un año antes, cuando él tiraba el misal y demás Hbros de su hermana como c<libros estúpidos e inaguantables>> ! A fines de septiembre Francisco Campo fué a estar con el P. Fidel, para saber si habría inconveniente en que él, no perte– neciente a la V. O. T. ni a la Juventud, asistiera a las reuniones de los chicos. · -i Encantado de que asistas, hombre ! e Qué más quisiera yo que verme rodeado de numerosos oyentes? -Muchas gracias, Padre. Usted no me conoce; pero puede estar se,guro de que mi «hoja de servicios», en cuanto cristiano, no es muy brillante ... En En. quizá con el tiempo llegue hasta ingresar ,en la Orden Tercera ; hoy no me siento ,aún con áni– mos. Seguramente, sobra de respetos humanos, porque esos escl;l– pularios y cordones no acaban de entusiasmarme ; temo verme con ellos un poco ridículo. Usted sabrá comprenderme ...
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