BCCCAP00000000000000000000753
440 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Después de mucho orar y pedir consejo. se decidió por l,o últi– mo. ofreciendo al Señor el sacrificio de muy legítimas aspiracio– nes y proyectos. Sí ; por amor a Jesús y a la Virgen, volvería al pobre ,pueblo abandonado: aquellas almas estaban bastante cambiadas, pem aún poco firmes en el cambio. Se imponía el volver a ellas, siquiera durante un nuevo curso, para ir rematando la labor tan penosamente empezada hacía doce meses. Mucho Je costó a ,c<Azuc•ena)) renunciar otra vez a su ambien– te: sus amigas, su ciudad, su acostumbrado tono de vida... Cuando el autobús ,la iba alejando kilómetros y kilómetros de León, se adensaba sobre su espíritu una oscura nube de abati– miento y congoja: ¿por qué he de arrancarme de todo lo mío;, para lanzarme sola y triste ,por estos caminos, que parecen ,aban– donados de cuanto amable y hermoso puede darse en la vida?, ¿por qué?... ¿por qué? ... ¡Bueno; ya sé por qué! Dios mío, es que os amo de veras, con toda mi alma ... Sólo Vos, Señor, podéis pedir tales sacrificios. Y yo os los ofrezco lo mejor que sé. Aceptadlos para bien de vuestros pobrecitos, a quienes Vos tanto amais, y que en tanto desamparo espiritual se encuentran muchas veces. Vos conmigo, ¿cómo podré juzgarme sola? Servíos de mí para irradiar luz, bondad, alegría, pureza... Josefina se encontraba pasando el mes de septiembre en Madrid. Hacia el 15 recibió el P. Fidel una carta suya: «Padre: Me estremece pensar que todo lo que sufro no me sirva para nada. Porque. a pesar de mis esfuerzos por r,esignar– me, hay momentos en que me desespero, y siento que soy una pobre víctima de la desgracia. ))No me ocurre esto cuando veo en el termómetro que la fiebre va minando sin remedio mi pobre organismo; sino cuando llega la hora de luchar contra mi falta absoluta de apetito. El verme tan sin ganas no trae más que disgusto para todos Jos de casa. en especial para mi mamá. Yo, de mi parte, hago todo cuanto puedo ¡ bien lo sabe Dios ! ; pero es demasiado sacrificio para mis fuerzas la lucha constante contra esta inapetencia. Si supiera, Padre, que mi estado es una cosa rarísima... Nadie sabe lo que tengo. Nadie me encuentra nada. Y, sin embargo, todos aseguran que no estoy bien.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz