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436 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA consecuencias de tal desacuerdo se hacen notar más en este nuestro fiempo, tan inclinado, bajo mwca ,cultural anglosajona, a valorarlo todo con criterios casi exdusivamente pragmatistas: 1as teorías o doctrinas v;alen lo que valen sus resultados en la práctica.) Sólo he querido Hamar tu atención sobre la unioersal miseria de la naturaleza humana, para que no juzgues con du– reza a los cristianos: por ser ,c<0ficia1mente» seguidores de Cristo, no hemos dejado de seguir siendo hombres... >> Menos fácil resultó al P. Fidel acallar a su interlocutora en cuanto al segundo ,punto básico de sus dificultades contra l~ Religión. Las preguntas de ella se nos habrán ocurrido a todos, y quizá más de una vez en la vida: ¿ por qué Dios, esto? ¿ por qué Dios, lo otro ? Sabía él que nuestro espíritu no puede aquÍ,etarse plenamente a base sólo de ,puras explicaciones racionales de Filosofía y Teo– logía, cuando se trata de la ex,istencia de ciertos males en el mun– do, o lo ,que es lo mismo, de su permisión por parte de Dios. Sumariamente dió a la muchacha tales explicaciones; pero ... -No te he dejado muy convencida, ¿verdad? -.Pues no. Nada se me ocurre contra fo que ha dicho; mas con ello sólo. dudo que alguien llegue a quedar de veras satis- fecho. · -Me lo suponía... Mira: para que Dios permita o disponga ciertas ccincom,prensiblesn cosas en el mundo, tienen que darse muy altas razones ; ,unas se nos alcanzan, otras permanecen tan de Heno en la zona del más impenetrable arcano o misterio, que nuestra mente nada puede conseguir en su afán inquisitivo. De aquí el desconcierto que nos invade ante no pocos sucesos de la vida. La razón no sabe qué decir... »En úlüma instancia, hemos ele renunciar a ,«saber» para en– contrar descanso en el «creer» y ,wconfiarn. Nunca ,aquí abajo llegaremos a entender perfectamente los caminos de Dios ; pero nos sobran razones para estar convencidos de que todo tiene s~ porqué, y que algún día así lo ver,emos en la más radi,ante luz. cciOh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios/-exclamaba San Pablo {Rom., · XI, 33)-iCuán insonda– bles son sus juicios e inescrutables sus caminos.!» EI es quien dis– pone que marchemos frecuentemente a oscuras por la vida, para

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