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434 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA sufrimientos e injusti,cias que se veían por todas partes? No había derecho a tener así a sus criaturas... Oportunamente, a medida que la ,chica se expansionaba, iba haciendo el P,adre sus observaciones, replicando con sosiego, pr,ecisando bien las ,cosas, o rectificando alguna falsa informa– ción... En lo que más quiso insistir fué en poner de reJieve que todas las miserias humanas ountas no pueden desv,irtuar la marca divina del Cristianismo. -Y a que no ocultas tus simpatías por la Rusia revolucionaria y desconcertante, quiero recordarte ,el subtítulo que un autor ruso, Nicolás Berdiaeff, ha rpuesto a uno de sus libros: «Dignidad del Cristianismo e indignidad de los cristianos». Se trata, como ves, de un título bien significativo. Muchas miserias hay, cierta– mente, ,entre nosotros los cristianos, y no podemos negar e,l de– recho que se tiene a exigimos una seriia enmienda o mejoría ; pero nosotws también podemos exig,ir: exigir un poco de com– prensión a muchos implacables críticos ... A sorprendente altma de perfección deben de estar ellos, cuando pretenden de nos– otros una per.fección casi absoluta. ¿ Es que no han conocido en sí mismos la tmgedia del «querer y desfalle,cern moral? La reali– zación plena de un ideal muy subido es •tarea de toda la vida, y aun las voluntades mejor dispuestas y templadas conocen muchas suertes de cansancios o vaivenes en tan difíci,l ascenso. «¿ No has leído nunca lo que San Pablo escribió a los primi– tivos .fieles de Roma? Se trata de una terrible confesión. tanto más impresionante si tenemos en cuenta que la hacía un apóstol, confirmado ya en gracia (bien es verdad que al hablar así, su voz, más que la de P,ablo de Tarso, era la voz del hombre eaafdo y ,e,l ,clamor de su más fotima ,angustia). ((No acierto a ex– plicarme mi propio obrar, pues no es lo que yo de verdad quiero lo que obro, sino que a veces hago aquello mismo que aborrez– co ... Querer el bien, a mano lo tengo; mas no así el ponerlo por obra ... Con mi mente, con mi espíritu, conozco la L~y divina, y me complazco en ella; mas luego siento otra Ley en mis miembros que lucha contra la de Dios, y me tiene como sojuzgado. ilnfeliz de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?»

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