BCCCAP00000000000000000000753

TEMPORAS DE PRIMAVERA 431 frecuentes lecturas nalas ... ; todas estas cosas ,contribuyeron a envenenar de nuevo su alma. Y :acab6 de producirse la ruina al topar con un sacerdote que, ,aun en las funciones ,más sagra- das, tenía muy poco de ministro de Dios. · Ella no lo abandonó todo de goh:>e. Fué dos o tres veces con otros confesores, que se esforziaron en sacarla a flote de tan gra– ve crisis. Pero no tuvieron éxito. Sobre el espíritu de la jovep estaba soplando ya una ,de sus ,peores r,achas... Cuando conoci6 •(Avanzadilla,, por medio de su amiga la po– bre artis,ta del café cantante, Carmen del Río se había desenten– dido ya de todo, pr,eguntándose si habría algo más que farsa en todo aquello de la rel,i,gión. Ni los ,curas debían de creer sincera– mente en ella. Por eso le desagr,adaha en conjunto la ,lectura de ,«Avanzadi– tlan ; porque dudaba de la sinceridad de ,quienes lo escribfan. Si ellos mismos no podían ,estar seguros de lo que ,gritaban tan reciamente, al hablar así, no eran más que unos ruidosos farsan– tes. Y nada podía excitarla tanto al •asco ,como la insinceridad, el defender por pura f6rmula, porque se vive de dlo, ,algo que no se siente. A todos los «.farsantes,> les escupiría ella con mu– cho gusto en p¡ena cara. A ,pesar de todo, Carmen del Rfo no podí:a deoar de leer «Avanzadilla,,, un número tras otro. Al,gunas cosas, pocas desde luego, le gustaban casi plenanente ; bastantes owas la ponían de mal humor. Y casi si,empre terminaba arrojando d peri6dico: « i Idiotas ! ¿Qué se habrán creído? ,¿ P,ensar,án que van a oon– v,encernos ,con su destemplado escribir y sus ,idioteces 'morali– zador,as ?,: Lo ourioso era ::¡ue ella sentía en •«Avanzadilla,,, sin querér– selo confesar, algo que la atraía oscuramente, despertando su interés. Ante ,aquel ,periodiquito no podía re,acoionar simp,le– mente ,como ante Jantas otras cosas: con el 1más frío desprecio o indiferencia. Le v,enían a veces ,ganas de hacerlo añ,icos entre sus manos ; y, sin embargo, hasta concluir, no podía dejar su lec– tur,a; y de cuando en ,cuando, al acabar ciertas páginas o sec– ciones. quedaba •extrañamente pensativa. Hacia mediados de septiembre, con una de sus típic 1 as reac– ciones, Carmen del Río decidió hacer una vis,ita al •((jefe de todo

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz