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428 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA con mala intención. é No sería mejor variar con el nuevo curso la línea mantenida hasta entonces por «Avanzadilla»? El recua– dro del número 11 decía así: «Hay quienes se extrañan de nuestro ardor combativo, y ase– guran que no nos mostramos como auténticos hijos del «míuimo y dulce Francisco de Asís», según definió Rubén Darío a nues– tro Padl'e ... >>RESPONDEMOS: San Francisco quería a los suyos ccverda– deros caballeros de Cristo», al estHo de ,los Pares de Carlomagno y los de la Tabla R,edonda del Rey Artús ... ; y ¿ es :posible hoy ser caballeros de Cristo sin combatir briosamente contra tanta apostasía y paganismo y relajación como se muestra en tierra de cristianos? »Además, en cuanto miembros de la V. O. T., somos de estirpe de Cruzados. El ejemplarísimo esposo de nuestra Santa Isabel de Hungría, Patrona de las Terciarias, murió en plena juventud, tomando parte en la VI Cruzada. El Patrono de los Terciarios, S. Luis Rey de Francia, fué el último cruzado de la Cristiandad frente al Oriente mahometano, y ceñido con nues– tro cordón y revestido de bélica armadura, ofrendó su vida ante los muros enemi,gos de Túnez... »¿ Cómo no vamos a sentirnos luchadores, cómo permitir que se desvitalice ccAvanzadilla» dejando de ser un ccperiódico de combaten ?n En este número 11 se trataba de hacer sumarísimo balance del recién acabado veraneo.. Y tal balance resultaba, en lo moral, verdaderamente lastimoso. La invasión de modas y mo– dos extraños, disolventes, paganizantes, se veía crecer con fre– nética aceleraci6n de año •en año. La vida nacional iba su– biendo bastantes grados en muchas cosas, incluso en las mani– festaciones de religiosidad católica ; ,pero en cuanto a las cos– tumbres, cada año se perdían muchos puntos. Los mejores es– pÍritus se alarmaban... Pelícuias americanas, bailes de impor– tación, y turistas veraniegos-en su mayoría franceses-iban demoliendo muchas cosas entrañablemente queridas ,por espa– ñolas y por cnistianas. Lo que el viento se llev6, iba a titular el P. Fidel su comen– tario del veraneo. Porque en verdad el viento de la relajación

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