BCCCAP00000000000000000000753

TEMPORAS DE PRIMAVERA 425 enorgullece que hasta el mismísimo príncipe de fos demonios nos dedique tanta atenci6n... Suponemos que el escrito nos lo habrá enviado por medio de algún mortal muy amigo suyo. i>No pubJ.icamos íntegra la luciferina carta, porque nos re– sulta bastante indecorosa ; pero sí vamos a darle alguna come– dida respuesta, ater:diendo al ruego de su autor, que ¡pide con– testaci6n por el ,peri6dico, ,,,si es que nos atrevemos y somos capaces de ello». De nuestra capacidad mejor es que ~u:zguen otros; m,as en cuanto a atrevernos, ¡ vaya si ,nos atrevemos, se- ñor Lucifer ! · nPrimerame:ite declaramos que no nos irritan los p.iropos que tiene para nosotros y nuestra obr,a: c<mocosuelos con ribetes de necios moralistas», cmmigos de la hipocresía», 1 <<,artfculos g~otes– cosn, ,<bufonadas>> ... »Si todo su escrito se redujese a un an6nimo ataque personal, no perderíamos tiempo en la ré,plka. Pero es el caso... Es el oaso que s,e insinúan apredaciones y doctrinas completamente err6neas. Y ante esto no podemos callar. »No crea que se nos abre fo boca de admiraci6n porque usted intente lucirse discurseando sobre •(<anacronismo», c<progre– so>>, c<moµi.ento hist6ricon, etc., para just:i.ficar ,en bloque las mo– das de hoy. Sabemos tan bien como usted lo que significan todas esas palabras. Pero sabemos también que la Moral es eter– na, y que ti,enen que ver mucho con la Moral bastantes c<detallesn de las modas que hoy quieren imponerse. La ley de Dios nos m,anda reprimir los instintos desordenados que hay en nosotros, y contra este mandato nada valen los ((progresos», ,c<momentos hist6ricos>> y demás pamplinas que se invoquen. Todo Jo que tienda a despertar o eJ!lcitar .J.os insf:intos animales será siempre condenado por la Moral, por nuestra Moral; y usted no· podrá ,ne,giarnos que muchos modelitos de vestidos femeninos han sido pen~,ados e intmducidos en d uso sólo con el fin de provocar en los hombres ciertas complacendas o .apetencias que mejor es no definir. ¿C6mo c;uiere que no las combatamos? ¿ No conoce usted el VI ,y IX mandamientos del De-cáfogo promulgado por Dios? »Nosotros, por s~ usted no las ha leído nunca, le ponemos ahora ante las ,narices, mejor dicho, ante los ojos, unas palaibras

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz