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422 FR. EUSEBIO GARC!A DE PESQUERA das ; pero i qué actitud la suya ! Parecía un vivo retrato del es– tado de ánimo en que se e~contraba el P. Fidel. Como derriba– do ante ,el invisible Señor del misterio eucarístico, sosterniéndose con la rodilla derecha en el suelo y los dos antebrazos sobre el borde del altar, la frente rendida sobre su muñeca. izquierda, todo él parecía una patética exclamación de cansancio y des– aliento: «'i Señor, ya no puedo más... Inútilmente me afano ante 1a mies excesiva: no consigo nada ! » Por encima de él y del altar se veía, en alargada panorámica, un gran campo de mies esperando la siega: no estaba todo por hacer, pues aparecían ya algunas gavillas en el suelo ... , pero j qué terrible desproporción entre lo poco hecho y Jo que aún estaba ,allí aguardando la hoz o la guadaña! La congoja del pobre ministro del Señor debía de ser abrumadora. ¿ Qué era él ante la inmensa labor? ¡ Si hubiese levantado la cabeza... ! J.Jn ángel luminoso venía a tocar el hombro del abatido sacerdote para hacerle abrir los ojos hacia una inscripción que resplandecía en las alturas: «Labor vester non est inanis in Domino» «No es baldío vuestro trabajo en el Señorn. Aquel texto arrancado a la 1 .ª Epístola de S. Pablo a los Co– Úntios, con el sentido literal que de inmediato ofrecía, fué como un disparo de luz para el ánimo del P. Fidel. El tenebroso demonio del desaliento no pudo resistir su impacto. ce¡ No es baldío vuestro trabajo en el Señor ! >> i Maravillosa respuesta del cielo a sus turbaciones de apóstol abat:ido ! ccVuestro tr,abajo en el Señor... D ¡ Era verdad ! ¿Cómo había podido estar él, du– rante jornadas enteras, sumido en tan oscura noche? Que todo era inútil... Que no se conseguía nada... Hundió de nuevo la cara entre sus manos y ,empezó con el Amo divino del Sagrario (el que ccmide la profundidad de los mares y de las ,almas>,) un coloquio casi incoherente, pero en verdad confortador... Coloquio de gratitud, de esperanza, de fe. Al salir de la tribuna ya era otro. No florecerían de nuevo en su ,alma las mismas ilusiones de antes, pero sentía en ella la fuerza de algo mejor: espíritu de fe y claro sentido de lo
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