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420 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA un «dejarse». sin actividad alguna, ni interior ni exterior... Au– sente él en tan acolchonada semiinconsciencia, parecía como si su mismo vivir hubiera quedado sin latido ; únicamente lo reve– laba el :pausado respirar de su ,pecho. Leves soplos de brisa vespertina venían de cuando en cuando a pasar acariciadoras sobre su frente varonil: frente huérfana d~ caridas desde hada veintiún años, desde que, a los diez de su edad, se había :posado allí el último heso, beso de una madre incomparable, en la despedida ,postrera... Desde entonces, aque– lla frente se había ido endureciendo, haciéndose pensativa y grave, pero siempre ¡ huérfana de caricias 1, y sin caricias habría de seguir en el mundo, porque el hombre allí recostado sobre un árbol :paúente del ciprés, había elegido por amor de Dios el ;pasar sentimentalmente solo por fa vida, guardándose en recón– ditas interioridades su soñar ,y su sentir de ser humano normal. La brisa se fué haciendo fresqueoita ... El sol caía ya sobre el pardo horizonte de rastrojos y viñedos al otro lado del Ber– nesga... Y de golpe rompió el sosiego de fos aires conventuales el alto y ,apresurado tan-tan de Ja camrpana, que llamaba a 11:3- oración de la tarde. EJ P. Fidel ccdespertón con aquella broncínea música de vol– teo. ccPero ¿ qué hora es ya ?-se dijo sobresaltado-. ¿ Será po– sible que toquen a Completas?» En su postura de abandono se le había hecho muy corto el largo rato transcurrido. Se incorporó: ¡por la gran huerta, del todo solitaria, se reti– raban desvaídamente los últimos resplandores del sol. Sacudióse la parte inferior del hábito para desprender algunas bri:z:nas de yerba seca que se le habían adherido, y empezó a caminar... Lentamente, echando sin ganas un pie delante del otro, !legó a la enfoada del claustro conventual; luego, con el mismo andar de hombre desganado hasta la raíz, viró hacia la derecha. hacia la tribuna baja que daba al presbiterio. No había allí nadie. Desde el lej,ano y alto coro venía el rezo acompasado de las últimas preces de Completas... «Te lucís ante terminum Antes de que la luz se vaya, a Ti, Señor, acudimos;
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