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418 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA otra cosa que de un poco de buena voluntad ; quiz,á se entu– siasmen de cuando en cuando, aunque por breve tiempo, con alguna fugaz emoción de virtud o apostolado, con ciertas aspi– raciones a lo mejor; mas ,luego viene el apagón, el desinflarse, el caer sin ,garbo en la rutina de la vulgaridad, ,para seguir mar– chando ·como tantos otros ¡por la ruta sin sorpresas que llaman, mal llamada, •«e·l camino del bien» ... (Y ,aun de este camino, j cuántas escapadas a ,«la senda del mal» ! ; vence ,la tentación de variar, de probar nuevos sabores, aunque se sepa que son siempre los mismos y siempre miserables; y terminan ordina– riamente Ias «aventuras» con acudir a un confesonario, a ejer– citar la paciencia de los confesores -con la horrenda monotonía de la miseria.) ¿ No sería mejor desentenderse de todos y vivir de lleno para uno mismo, recordando únicamente a los demás en el momento de rogar a Dios ¡por ellos? Ayudarles, si en algo se les ,puede de veras ,ayudar... , también, porque Dios lo quiere, pero sólo cuando ellos lo pidan y vengan a buscarlo ; nunca aquel estar siempre pendiente de las almas amadas, proyectando, trabajan– do, ta,l vez sufriendo por su mayor bien, en un cotidiano afán de elev;arlas y transformarlas. ¡ Para lo que se consigue 1 Sí ; mirando las cosas fríamente, ¡ qué mezquinos aparecían los frutos conse,guidos ! Puestos a hacer un balance moral del verano, por ejemplo, ¿ no cabía hablar de ,celo que el viento se llevó»? j Qué estela de ,condescendencias grandes y pequeñas con el mundo, el demonio y la carne! ¡ Cuántos buenos propósi– tos, marchitos! A la mente del P. Fidel acudía la tremenda frase evangélica: ,ccDespués de hacer cuanto debéis, confesaos since– ramente: ,«Siervos inútiles somos.Ji Sí; de verdad que somos sier– vos bien inúti,les... En el alma del P. Fidel repiqueteaban exac– tas las palabras evangélicas, pero no sonaban con el ,espfritu del evangelio. Aquella su alma estaba conturbada y rno conseguía reaccionar saludablemente, casi no quería reaccionar ; no tenía ,ganas de nada y miraba con verdadero desagrado el acercarse de la fech,J en que debería empezar el nuevo curso. En ciertos momentos sólo le ,apetecía echarse bajo un árbol oua,lquiera, como eil fu-

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