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416 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Indudablemente, así •er,an las cosas; así tenían que ser. Ni las mieses ni las virtudes pueden dar todo su credmiento en una semana ; ni los frutos ni las almas maduran ,a golpe cÍ~ pnsas. j No desa,nimarse y saber esperar! L,úcidamente v,eía esto la mente del P. Fidel; mas, a pesar de todo, su alma se doble,gaba al desaliento... En su impaciencia juvenH se le hacía casi im– posible tener que resignarse a una lar,ga espera. Hasta entonces habían ido las cosas bastante bien. y qui2iá por esto, inconscien– temente, había ,caído en Ja peligrosa ilusión de poderlos tener ccen seguida» perfectos a todos, realiza,ndo a marchas forzadas, en semanas o meses, lo que tal vez era prolija tare,a dé años. Ahora se daba •cuenta de que bastantes de los •«suyos» esta– ban defraudando sus iilusiones: ¡ no eran, ni mucho menos, como él los habfa ccsoñadon ! Y nor una de esas tan bruscas como desconcertantes reacciones -que se producen inesperadamente hasta en -los espíritus mejor templados, el P. Fidel vino a caer, del generoso optimismo ,que le había mantenido en exaltada tarea durante meses y años, en el más deprimente desaliento. Rápida– mente, por el cielo de su ,alma se fué adentrando un frente de oscuros nubarrones: pensami,entos muy negros sobre la inutilidad de todo esfuerzo apostólico ... ¿ Valía la ,pena afanarse tanto? ¡ Si lo que se conseguía era cosa ridícula! Pequeños resultados, más bien externos, y .que desaparedan con suma facilidad ape– nas se esfumaba la impresión producida por una hermosa función religiosa, por un huen sermón, .por una lectura edificant,e •.. ¡ Barniz y corteza nada más l Cuando se buscaba algo de más consistencia y mayor profundidad, ¡ desilusiones l El P. fidel pensó que por mucho que trabajasen ,él y otros ilusos como él, el mundo seguiría igual, viviendo para la materia y el placer. Malo había sido el mundo ,antes, según decían las historias ; malo era el mundo con el que se había •encontrado, y malo segui:rÍa siempre. EI mundo no tenía remedio ... El único que podía cambi,arlo, y de golpe, si quisiera, era Dios. Pero Dios no parecía preocuparse excesivamente de la marcha del mundo. Dejaba a los hombres hacer lo que les diese la gana, que se enredasen cada vez más en errores y perversiones ; y luego quería que un puñado de hombres, ,casi desvalidos, se enfrenta•
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