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TEMPORAS DE PRIMAVERA 415 humana son insondables, y en dar frutos de miseria, asombrosa– mente .fecundas. E..l P. Fidel ya había llegado a comprender cas,i perfectamente todo esto en sus pocos años de ,apostolado ; por otra parte, se daba cuenta de que allí aún no ,existían motivos para excesiva alarma y menos para abandonarse al pesimismo. Si:n embargo, se sinti6 invadir ·;:ior una ,atroz desilusi6n... ¿ Habría estado tra– bajando completa:men::e en b:alde? Trataba de di,scu1par ,a todos en su fuero interno, oon auténtico impulso de ,caridad ; quería ser de veras comprensivo para las flaquezas ,ajenas, y ((erigir» su propio espÍritu ,con nuevo y esperanzado af.án : ¿ C6mo pretendo hacerlos ,perfectos á :odos en unos mes,es? ¿ Cuá,ntos años de formaci6n y de lucha necesitamos nosotros mismos? Y aun así y todo, ¿ somos acaso impecables?, .¿ no tenemos también muchas miserias? Lo que debo hacer es sencillamente esto: ayudar del mejor modo posibie 1a los descuidados y reavivar con optimismo el espíritu de to&s. Tengo otro largo curso por delante: lo que no se consigue en un año se puede conseguir en dos ... Pero no ,era capaz de reaccionar en d sentido deseado. Como pocas veces en su vi<C:.a, sinti6 gravitar sobre su alma la negrura del desaliento. Se había entregado tan ardj_entemente, tan entu– siásticamente ,a su labor, que la parcial dec,epci6n de ahora ten:(~ para él los efectos del más violento choque espiritual. No era ((el divino impaciente», pero sí buscaba demasiado impacientemente la transformaci6n de Ias a,1mas que se le confiaban ; sin adver– tirlo, propendía ,a llevar las ,cosas con exceso de v.e1ocidad, casi a ,«paso de carga». Y no era que dejase de entender te6ricamente la tan nece– saria 1ecci6n dei. '<<•fesitina lenteii, dd buen «saber esperarn. A prop6sito de ello hab~a tomado nota, ,poco tiempo antes, de unos versos que se leen en la fomosa y clásica (<EPISTOLA MORAL a Fabio>>: «Ne sazona la fruta en un momento aquella inteligencia que mensura la áuraci6n de todo a su talento. Flor la vimos primero, hermosa y pura; luego, materia acerba y desabrida; y perfecta después, dulce y madura... ll
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