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414 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA La hora de la acción, como en el año pre•~edente, sonaría al ,acabar en la ,catedral la solemne novena a la Virgen del Ca– mino. Con la bendición de tan buena y dolorosa Madre, desde su trono sobre las tierras y las almas de León, bien se podría reemprender .animosamente la mal'cha... En todo esto pensaba el P. Fidel hacia fines de agosto. Pero ... Sucedió por ,aquellos días finales de la holganza veraniiega que a sus oídos fo.eron Uegando varias noticias desagradables. Según tales noticias, había daudi.caciones entre sus muchachos... ; no todas las conductas de •«ellas» y de ,ccellos» estaban ,a tono con el brii0so espíritu de ccAvanzadilla». Por causa de algunos y de algunas, en bastantes corrillos o tertulias se r,e,petfa, con no poca satisfacción de ciertas gentes, aquello de ccuna cosa es predic,ar y otra dar trigo» ... Decían los maliciosos: <<Hablar, hablan bien alto y fuert~ en su periódico ; cualquiera Jos juz– garía •a todos ellos poco menos que héroes, y desde luego muy por encima de las comunes miserias... pero luego, j nada, como los demás! < No conoces a fulanita? Pues con toda su <<pose» de joven terciaria .franciscana no se ha perdido una verbena en todi0 el verano. y por cierto que bailaba como una peonza» ... «Yo he visto por ahí a menganito en ciertas compañías que i vaya, v,ay,a !. .. » «Pues, ¿y la X.? No tenfan que envidiarla nada las seguidoras de la moda más atrevida... » · Al P. Fidel le escocía el alma ,con todas estas noticias. Era cierto ,que la g,ente exageraba, pero había también no poco de verdad en aquellas murmuraciones. Los innumerables buenos ejemplos de los c<fieles» parecían edi:psados por los ruidosos des– cuidos de una exigua minoría. ¡ Menos mal que de sus más lea– les colaboradores y •col<abora·doras nadie pudo decir nada ! Las malas noticias que le fueron llegando en los comienzos de septiembre, cuando él reanudaba contactos con unos y con otras en orden a poner todo en marcha otra vez, le deprimieron al P. Fidel de manera verdader,amente insospechada. No debía sorprenderle mucho el que, a causa del ambiente en aquellas semanas de vagancia veraniega, la piedad habitual de bastantes jóvenes hubiese bajado algunos puntos ; ni en verdad tenía tam– poco por qué sorprenderse demasiado ante descuidos o claudi– caciones bastante más serias, pues la inconstancia y la debilidad

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