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410 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA catoria de ·otra manera: A N., en el día de su ((primera>i boda. >iMas, por gracia de Dios, ·ru has nacido en España y sabes tan bien como yo que lo que vas a hacer ,es para siempre... J> La Carmen que firmaba la carta ponía a continuaci6n una serie de atinadas consideraciones sobre lo que significaba aquel cambio de vida, y advertía luego ,amistosamente: «Esperarás, naturalmente, la felicidad. Quizá también el des– canso. Pues bien: yo te digo que a partir de tu boda empe:ziará para ti la dificultad y la lucha : una vida, como dicen ahora, «de servicio y sacrafi:cioll. No es fácil cumplir ,ejemplarmente como esposa ry como madre; pero esa es tu .obligación. La horia <<Hn de que tanto se habla en ambientes de guerra ha llegado tam– bién para ti: tendrás que reñir animosamente cada día las bata– llas del Señor. ))Querida N.: haz que tu espfritu vibre siempre juvenilmente, francisc,anamente, ante 1as cosas buenas y bellas de •la vida. Haz poesía hasta de las mismas ,cosas duras. >iCuando leas ,estas líneas estarás ya convertida en ,la impor– tante «señora de X... n Pues bien: yo le pido al Señor que te conforte y aliente paria que siempre sepas estar a la altura de las ,circunstancias. T,ú eres buena y lo mereces todo; pero no ha– brán de faltarte días malos: para ellos principalmente te deseo con toda mi alma la ayuda que s6lo Dios puede dar. ll En e,l mes de ,agosto sali6 un solo número de ,«Avanzadilla)); quienes lo hacían contaban también con algún derecho ,al des– canso. En la primera página de ese número aparecían ciertas ((Con– fesiones de uno que se quiere convertirn : «San Agustín, al hacerse cat6lico, ,escribi6 un libro que todos conocen con el nombre de «Las Confesionesi>. Yo no soy con– vertido de esa especie. Cristiano desde mi nacimiento, como tal viví hasta que en una hora desgr,aciada dejé de serlo práctica– mente. Y ahora, ,al volver al camino del cual no debiera haber salido nunca, quiero ·<<•confesarn también algo de mi vida. irnAlgunos la creerían muy alegr,e... ¡ Nada de eso ! El con– tento me huía ; ry yo, ,en los ratos más l6bregos, gustaba :placeres refinados por ver de alegrarme; pero en vano. La ansiada ale-
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