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406 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA mún>i: «Querido amigo: Muchas veces habrás escuchado, como apostilla final a pesimistas reflexiones sobre la disoluci6n que se v,a operando en nuestras costumbres, esta fvase alentadora: ((La esperanza está en los pueblosll. ¿Conque la salvaci6n va ,a venir de los pueblos, de las aldeas ... ? Pues entonces podemos esperar sentados a que nos lle.gue la salvaci6n. llLos pueblos se están poniendo peor que las ciudades, por– que han tenido el triste acierto de recoger, ,par.a imitarlo, sólo lo peor que en las ciudades ven ... ,,No rpodemos espe11ar de los pueblos la salvación; antes bien, hay .que llevársela, porque nuestros pueblos, las mejores cosas que había en nuestros pueblos, ,están en trance de muerte. Tenemos que llorar sobre ,cela aldea perdida» y sobre ccel fin de una razall ... Y poner remedio. Como de las ciudades parti6 la perdición :para los pueblos, así también debe ir la salvación. Pre– paraos, falanges apostólicas juveniies, para marchar a la recon– quista del campo.,, Este editorial trajo al P.· Fidel varias felicitaciones entusiastas de sac•erdotes de pueblos ; uno de ellos pagó de su bolsillo cinco nuevas suscripciones a •«Avanzadilla», para que «tan estupendo periódko pase de mano en mano ,por toda la juventud de mi parwqui,a... ; si esas cosas se las decimos nosotros, luego salen con que estamos atrasados, que somos Curas rancios de pueblo ; pero cuando v,en que son jóvenes de ciudad quienes hablan así, no saben qué replicar». También •«Desde el parapeto de la verdad» se d,isparaban continuamente -cebalas luminosas». He aquí algunas muestr,as: «Nos gloriamos de los ataques que desde ciertos sectores se efactúan contra nosotros... S6lo lo ,cadavérico o moribundo está libre de ser discutido. No acabaríamos nunca si quisiéramos re– ferir las barbaridades que se dijeron contra Cristo, contra los apóstoles, contra los primitivos cristianos, contra los cristianos verdaderos de todos los siglos... ,,Vengan, pues, campañas contra ccAvanzadillall: se reciben dedaraciones de guerra. Pero conste que algún día nos veremos las caras ante el Tribunal del Juez eterno, y sabremos •cumplida– mente quiénes tenían raz6n.ll

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