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TEMPORAS DE PRIMAVERA 399 cuanto pueda desde lejos. ¡ Ah I Y procuraré hacer honor al es– píritu de ,c<Avanzadilla», «periódico quincenal de combate». Josefina no rpudo ir a Rodiezmo, porque estaba ya de vera– neo ,con la familia en el pueblo natal de su madre. Allí, más en contacto con la pura y solemne naturaleza. su alma tan ser:s:ble gozaba intensamente. Era Josefina una apa– sionada del campo, de pasearse sola por él, de subirse ,a alguna próxima altura para contemplar desde allí el paisaj,e, envuelto en la maj.estad de su silencio; era también amiga de instalarse junto al río, a la sombra de un fresno o de ,cualquier choipera, para ver correr las aguas... El agua, fluyendo Hbr,e ,por el campo, debía de tener pam ella un lenguaje misterioso, como para la Santa Madre T,eresa de Jesús. t Le transmitían también las co• rrientes eJ m5.smo mensaj,e de caduddad, de fugacidad, que , entendió Jorge Manrique, ,el enlutado poeta de Paredes de Nava? «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. .. Allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos . .. Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar. .. Partimos cuando nacemos, andamos ,mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos ... » No siemp1re Josefina tenía meditaciones tan serias por la so– ledad de los campos ; pero bastantes veces, sí. A veces crefa sentir oscur:an:ente como una misteriosa llamada, desprendiéndo– la de las foga::,es cosas de aquí abajo, invitándo1a hada el reino
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