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TEMPORAS DE PRIMAVERA 395 sionistas, de pie, cantaron briosamente sus himnos, poniendo especial foe:-2la en ,aquella estrofa dirigida a San Francisco, el cccaudil1o enamorado»: «Tus ansias imitando, seráficas legiones luchamos por el triunfo de Cristo y de su Cruz: ilumir.ar queremos los pueblos y naciones con dlicos fulgores de salvadora luz.» Ya serfar.. las siet,e de la tarde cuando el P. Fidel y sus «hues– tes» salieron otra vez al campo. Gui,ados por Rodrigo Alvarez, se dirigieron 1ahora a una r,isueña ¡pradera en Ia hondonad,a al sur del pueblo, junto a la fuente «Manar,ranas», de aguas fresquí– simas. Se estaha deiliciosamente ,allí... Merendaron los ~xcursio– nistas en animados ,grupos, y ,luego, unos a jugar al co~o, y otros a · cantar ,aires ,populares, sentados sobre la hlanda hierba. Se terminó fo:r:m.ando un hermoso cor.o de vooes femeninas y mascu– linas que daba gloria ofr ern aquel escenarcr.o incomparable, hajo la ,caricia de un serenísimo ,atardecer.. , El P. Fidel escuchaba embel,esado. «La Morrtafía de Le6n - tiene una inmensa laguna, donde se lavan las guapas, - porque feas no hay ninguna. Resalada, dímelo; dímelo resaladina: ¿d6nde dejaste tu amor? -Se /ué a Cuba, y ... no volvió.» ,«No la llames, no la llames; no la llames, que no viene: que se ha quedado dormida debajo de los laureles. Que no la llames, que ya no viene.» ccA la e-rala del arroyo -- que de esa montaña baja, había una palomita - que aclaraba más el agua al subir batiendo sus aUtas blancas. ll
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