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394 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA en la magnífic,a soledad de tus mudas y misteriosas creaturas 1 A primer,a hora de la tarde se reun[eron los diversos grupitos de excursionistas, ry se fueron poco a poco ¡para el pueblo. Había que rezar primer:o el rosario, y luego, ,como decía bromeando el P. Fideil, ,«dar un mít:inH. Briosos volteos de campanas alborotaron nuevamente a los vecinos, sofocando el estr,épito inenarrable que salía de cierto local, donde una docena de asturianos que pasaban el día en Rodiezmo cantaban, pateaban y bailaban abrazados a botellas de vino y de sidra : no había mujeres, eran todos unos <<tíos» maduros {calvos y .gordos la mayoría). Nuestros excursionistas, al pasar, se asomaban ,asustados al lugar de la báquica jarana, y ellos, encendidos y sudorosos, se volvían para decirles: «Tomad muchachos, tomad. Aquí :manda Asturias; y los ,asturianos, siem– pre rumbosos, reparten sidra gratis y a esgaya... j Y vay;a chicas bonitas que p:mduce León ! ... » Las campanas pudieron más; y casi toda la gente del pueblo se congregó en la i,g,lesi,a. Hubo exposición del Santísimo, rezo del rosario, y vigorosa alocución del P. Fidel, dirigida iprincipa 1 l– mente a los moradores y veraneantes de,l pueblo. A la solemne función reli,giosa siguió, en el local de las es– cuelas. el esper,ado «mitin». Habló 1primero Fernando Cordón Vázquez, que ya ,era Secretario de la Sección Juvenil masculina; sobreponiéndose pronto al nerviosismo de ,los primeros momen– tos ~nunca había discurseado en público),· fué diciendo luego con briosa palabra lo que significaba el movimiento franciscano, dentro del cual actuaba destacadamente la Orden Tercera, y a cuánto obligaban por eso aquellos cordones y escapularios d,e los que tanto parecían extrañarse algunos... Varios viejecitos que· estaban en la primera fila de oyentes tenían una ·lágrima en sus ,ojos al ver ,a un tal muchacho hablando de aquella ,manera. Se adelantó luego 1a Secretaria de las jóvenes, Celia Núñez Canal. Su figura esbelta causó la mejor impresión ; pero ,eUa no se sentía mury segura d,e sí misma, y en vez de ,({hablar», leyó... fuan unas cuartillas bellas y delicadas sobre la juventud y la ,alegría en re,Iación con el ,apostolado a estilo franciscano. Es– cuchó muchos ,aplausos. Dijo finalmente unas palabras el P. Fidel, y todos los excur-

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