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392 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA cantas ahora eso de ,«Aire que vienes del alto ... >>? Este airecillo será muy puro y sano y tal ; pero es también capaz, no sólo de descomponernos e 1 l pelo, sino de arrancar,nos el mismo cuero ca– belludo. ¡ Hay que ver cuán suavemente «afeita» ! La ,cosa cambió por completo al entrar en la zona soleada. Daba ,gusto. Los niños correteaban, persiguiéndose, de un lado a otro de la carretera. Los jóvenes tenían ,ganas de saltar ; y apostaban entre ,ellos sobre quiénes iban a ser los primeros en subir a la torre de la iglesia para echar a voleo las campanas. Rodiezmo estaba ya ante ellos, con muchas de sus chimeneas dando humo ,a} ,aire de tan espléndido día. La media hora escasa de paseo desde l,a estación había sentado estupendamente a , todos los excursiornistas: entraron ¡por las tranquilas calles del pueblo con la más eufórica algazara. lnmedi,atamente salió a recibirles Rodrigo Alvar,ez, joven y simpático maestro, que tenía allí su casa natal, aunque vivía en León. Unos momentos de saludos .cordiales, y ¡ a la iglesia ! Mientr,as Rodri~o iba en busca de las llaves, los ,excursionistas cantaron con fervoroso brío el Himno a la Virgen del Camino ante los muros recién blanqueados del templo. ¡ Qué bien sonaba allí, y a aquella hora, el «Reina León te llama de sus tierras» l Tierras hermosas, e impresionantes por la auster,a majestad de su .grandeza, eran aquellas que rodeaban a Ro.diezmo. Desde la iglesia, en todas direcciones, bajo d sol del postrer domingo de julio, podían contemplarse cresterías continuas de picos y peñas, que se empinaban como buscando el purísimo azul de un cielo incomparable. Rodiezmo no estaba encajonado. Las altas sierras que lo circundaban se habían separado lo bastante para dejarle un •ancho v,alle, por donde pudiesen correr libres y serenos el aire, fa rluz ry la vida. El monótono rumor del caño de una fuente parecía dar el acompañamiento a quienes cantaban ante la iglesia... No tardó en ,aparecer ,el de las Üaves ; y se hizo entonces una visita en común a aquel Jesús Sacramentado que tan amorosamente les esperaba: se rezó la ,estación, <lijo breves y muy acertadas pala– bras el P. Fidel, y se concluyó con fervoroso cántico eucarístico. Subieron ,entonces a ,la forre v,arios chicos capitaneados por Valentfn Negrete, y echaron ,las campanas a vuelo... Su estrépito
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