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384 FR. EUSEBIO GARC!A DE PESQUERA Julio iba entrando de Heno, con sus días tan colmados de galbana y de calor, con las noches serenas que seguían a los días: noches de infinitas estrellas en la altura, y una indecible sonoridad por los c,ampos, que se agitaban misteriosamente en fecundas eazones. Y mientras las mieses iban cayendo al filo de hoces o guada– ñas, la exigencia de las vacaciones y los planes de veraneo saca- ban más leoneses cada día de su luminosa caoital. · También de las Secciones Juv,eniles de ,la V. O. T. empeza– wn a desfilar veraneantes o ((Vacantes». Pero no todo e11a marchar... Las vacaciones iban trayendo también ,a muy queridos 1ausentes. Por ejemplo, a ,((Azucena», la maestrit:a ,aipóstol. <CA:zucena» no tardó en ir a ver al P. Fidel ; y fo contó las tan variadas experiencias de -aquel su primer curso de <Cmaestra en ejercicio», de ilusionada misionera entre cuatro paredes de una escuelita rural. --Bueno, Padre: no crea que todo ha sido tan duro como le decía en mis primeras cartas. Luego ha habido de todo: luchas y sufrimientos e incoonprensiones, pero también satisfacciones y consuelos. »El pueblo, tan reacio al principio, fué evolucionando des– pués, aunque con lentitud desesperante para mis ansias: de la fría hostilidad pasó a un benévolo silend.o, del silencio a una progresi'Va estima, y ha terminado en un quererme de veras. Por lo que se refiere a mis niños---,decfa esto de ,ccmis niños,i con acento muy especial-, sólo quiero decirle que en los -últimos días, todos, hasta los más pobres, se empeñaron en hacerme algún obsequio de fo que podían haber, y no tsuve más remedio gue aceptar... , porque no se di.sgusllaran ellos y sus familias. »El día de la despedida fué terrible, y eso que yo no me can– saba de repetir que me iba sólo por dos meses... Todos acudieron a misa, para acompañarme y :pedir por mí; ,luego, por más que me opuse, fueron todos andando conmigo hasta el próximo pue– blo, donde se coge el coche de línea; y cuando éste arrancó. ¡ qué Il.oros en algunos y qué vivas y agitación de pañuelos en los demás! Nunca pude sospechar aue me quisieran tanto. Me vine el viaje entero emocionada, ipens•ando en ellos, y reviviendo
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