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378 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA que parecía triste, y cayó en la cuenta de que tenía una carta esperando su ,atención. La abrió ; y se ¡puso a leer,la ,a la última claridad del día. Miró primero la firma: resultaba un poco extraña: Una que ha roto sus cadenas y quiere volar. «Rvdo. Padre: P,erdóneme porque me atrev,a ,a molestar su atención con esta carta. No sé qué fuerza es la que me impulsa a contarle una HISTORIA. Historia verídica, auténtica, y no sé si también interesante... Para mí ciertamente Jo es, quizá la más interes,ante de todas, porque... i soy yo la protagonista! JJMe encuentro ya ·en los veintitantos años. Creo .que sólo fuí inocente hasta los once. Gracias a una buenísima maestr,a que tuve en la escue,1a, y a quien nunca podré olvidar, aprendí mu– chas cosas buenas durante aquellos ,años de mi feliz infanóa. Pero a los once años empecé a a:prender también cosas muy distintas de las que nos enseñaba nuestra profesora... ))Verá cómo fué: Mis ¡padres, que emn bastante buenos, 110 podí,an ,cuidarse mucho de mí porque tenían demasiados traba– jos y ocupaciones a que atender, y así, yo me estaba casi todo el día en la calle. En ella encontré compañems y amigas que parecían maestras consumadas ,en maldad ; y para colmo de desgracia, frecuentemente se mezclaban en nuestws juegos y corrillos varios gmndullones d.e tr,ece a dieciséis años, que eran de lo más golfo que puede dars,e... Puede imaginarse lo que vería, oiría y aprende.ría en tal escuela y ,ambiente. Aunque al principio me horrorizaban aqueHas cosas, ,luego, la curiosidad malsana, las .malas incli,naciones que todos tenemos... Pronto se evaporó mi inocencia, y fuí aprendiendo, según mi mentalidad de entonces, mucha •«informaciónn sobre unos vicios antes com– pletamente ignorados para mí. nLa buena semilla arrojada en mi ,alma por la maestra no desapareció del todo : yo aún se.guía rezando cuando ella nos había dicho, y trataba a veces de romper con aquellas nefastas compañías... Pero el mal acabó ,adueñándose de mí. De tal manera, que seg{m iba corriendo el t;empo, de mí ,podía muy bíen decirs·e lo contrario que de Jesús: que cccrecía en edad y en malician. nDejé de ser niña ; comencé a vwir la juventud, y el vicio
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