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TEMPORAS DE PRIMAVERA 377 por eso poco numerosos, eran espléndidamente atendidos en todo momento; y no fué obstáculo ;para su alegre animación el saber que «allí» nradie podía permitirse palabras o actitudes reñidas con el más alto decoro cristianó. Nada faltaba ¡para que la fiesta resultase en verdad es,tupenda; y, sinr embargo, un agudo observador hubiera podido sorprender ,al,go extraño ,en la ,ccreina» de todo aquello: ipor sus bellos y grandes ,ojos, mati– zados de bondad, parecían pasar de cna:ndo en cuando suaves ráfagas de mekmcolía. Cua:lquiera que la viese tan radiante. en su traje de noche-confeccionado oon la 1 may,or d,ecencia posi~ ble-,, tan fina con todos, tan... , podrfa muy fáci,lmente creerla del todo feliz. Pero alg;o había en la húmeda dulzura de sus ojos, que delataba su no completa satisfacción interior. Ella había soñado mucho con aquello... , y aho11a que ya lo vivía... ¿ Tal vez no estaba hecha para <Ciaquello»? Durante fa fiesta, quizá n,adie tuvo tiemQ'.)o ¡para observar lo que debía de ocurrfa· en el akia de Rosa María; pero cuando ella, días más tarde, le enseñó al P: fidel algunas fotos, escuchó sorprendida esta observ:adón: - Y o te er..cuentro ,aquí un no sé qué de tristeza en los ojos. -~Pues no tenía motivos para estar triste. --Quizá; ,pero en tu mirada se nota algo... ~Lo p:asé muy bien, aunque un poco menos de lo que yo había soñado La mayor satisfacción la tuve después, cuando horas más tarde de haber acabado la fiesta, pude acercarme a comulgar -en un iglesia. No sé por qué m•e acordé entonces de que el día de mi primera comunión ipedí ,a J,esús la ,gracia de ser su misionera... Pero ahora, j ni hahlar ! Rechazo inmedi,ata:mente la sola :posibilidad de que yo llegue a abandonar algún día el mundo. Efecitivamente, Rosa •María se encontraba muy ,a gusto en él. Era buena .a e.arta cabal ; pero también estaba acostumbrada a satisf,ac•er todos sus ,oaprkhos. Como tenía en abundancia de todo, incluso de amigos y pretendientes, sus sueños piara el por– venir eran muy ilusionados. No había pensado mucho que aquel <(SU porvenirn estaba más en Jas manos de Dios que en las suyas. , El pensam:ento del P. Fidel regres6 al fin de sus recuerdos y divagaciones en tomo a Rosa María. Se apartó de ,aquella rosa
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