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374 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA zonte de la vida. Pero los «resuhados)) en que luego se traducen ilusiones tan doradas son más bien pobres ... Casi siempre de– cepciona la <<realidad>> de tal amor. Y nadie ha cantado tan do– loridamente sus «desengaños» como aquellos que se habían en– tregado con mayoi,es ensueños ,a su ador,aci6n o cultivo. Decía Le Cardonell: «Como el pobre viajero de corazón marchito, que buscando la dicha encontró un arenal, por haber adorado la belleza mortal, conozco la tristeza que tiene lo finito. >i ¿ Y quién no conoce la famosa rima de Bécquer que podía rotularse «Rima del desengaño))? « Volverán las oscuras golondrinas ... Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha al contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres . esas... iNO VOLVERAN!» >>Sí ; por muy hermoso y sugestivo que se presente el amor humano, y por muy desmesuradamente que se ,1e cante, nos– otros tenemos que evitar el valorarlo con exceso, pues sus fallos son muchos y sustanciales. ll Fué luego el P. Fidel enumerando y razonando esos dalles)) del amor: su exclusivismo egoísta (exige siempre el «solus ad solamn) : su mísera caducidad (los enamorados hablan fácilmente de amor eterno, pero ... las ce hojas secas y las flores difuntasll, que decía Rubén Dado, se dan muy profusamente en los jardines del amor. El comediógrafo de nuestro Siglo de Oro, Andrés de Claramonte, escribió en una obra suya: ccEZ amor del soldado no es más de un hora: en tocando la caja, ccadiós, señora». (Hay muchos amores de soldados por el mundo...)

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