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350 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA aplaudieron mucho. Y,o misma estaba emocionada. Después vi– nieron las felicitaciones: decían que tenía una hermosa voz, que cantaba con estilo ... Yo, desde ,luego, cuando estaba en escena, vivía mi papel, ponía el alma en lo que hacía. >>Recuerdo que mamá tenía una extraña prisa ,por sacarme de entre los que venían a estrecharme Ia mano y darme la enho– rabuena. Parecía que sus alabanzas y calurosas feiicitaciones le hacían a ella muy poca graóa. Yo no comprendía su actitud: ¿ no se alegraba acaso del éxito de su hija? Si el caso hubiera sido a Ja inversa, yo habría demostrado como nadie mi entu– siasmo y ,admiración, por lo ,muchísimo que la quería ; entonces, ¿ por qué eUa obraba así? A varias personas que ponderaban mu– cho mi actuación les dijo con fría displicencia: ,ce¿ Que Josefina ha cantado muy bien? ¿ Que tiene una voz muy bonita? i Pero si par,ecía una gatita de Angora ! >> Sólo bastante después de aque– llas fechas he tratado de comprender por qué mi mamá hablaría así ; entonces todo lo que ella decía ,me parecía a mí poco me– nos que dogma de fe, y desde luego por encima de todq dis– cusión. »Dijo, además, otra cosa que nunca se me olvidará. Un señor de influencia quedó tan complacido de mi actuación que, según me enteré más tarde, vino a hablar en serio a mis padres sobre que debían hacerme estudiar la carrera de canto y decla– mación, pues yo podía llegar a ser una figura. El mismo se ofreció a arreglar las cosas pava que yo ,pudiera irme a un buen conservatorio ... Creo que mi padre se mostraba indeciso; pero mamá rechazó de plano el ,proyecto. Cuando el buen señor. aJpre– miándoles, ,les dijo: ce No sean ustedes tontos; piénsenlo bien, que Josefina puede llegar ,a ser una primerísima cantante», ella replicó: ,«Preferiría verla muerta». »Posteriormente m,e fuí ,enterando de estas cosas y no acertaba a comprender la actitud de mamá, pero no se me ocurrió juz– garla siquiera, ni menos pedirle una explicación: yo sabía que ella no obraba nunca a la ligera, que sólo buscaba mi bien. Des– de ,luego, no merezco la madre que Dios me ha dado. La quiero con locura... Muchas veces he ,pensado qué hubiese podido llegar ,a ser yo, de no encontrarme en la vida con una madre como la que tengo.ii
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