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348 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA Empezó a nublarse su alma. «¿ Por qué? ¿Por qué? ¿ Por qué Dios no la oía? ¿Por qué la Virgen no había hecho caso de sus ruegos? ¿ No se habría ,esforzado en vano? ¿ No sería todo inútil. .. y lo mejor, procurar aprovecharse de la vida?}) Una oscuridad de tormenta se desplegó sobre su espíritu. Y en aquella oscurid.ad se insinuaba con fuerna la voz del maligno: «No seas ilusa; estás deshaciéndote tontamente, persi– guiendo ideales que no son para ti ... ¿Qué has sacado en lim– pio de l:anto •esforzarte en el mes de mayo? La Virgen ni se ha dado por entel'ada. Has perdido bonitamente el tiempo. Hay que evitar esas exageraciones místicas, que no conducen a nada ; viviendo honradamente, y no haciendo daño a nadie, ¿por qué no disfrutar todo lo posible ·de la vida? Si en vez de sacrificarte te hubi-eras divertido como tantas que tú conoces, hubieses ade– lantado mucho más... Y a ves: ellas no andan con exageraciones como !JÚ, y quizá son mejores, y desde luego Dios les hace tanto caso como a ti. Déjate ya de ilusiones bobas y procura vivir como las personas normales, abandonando esos misticismos, que sólo sirven para marchitar tu juventud y poner la misma salud al borde de la ruina.>> La pobre Josefina sentía a veces rugir en su interior una tempestad de rebeldías... contra aquella vida «sin sentido}), con– tra las mismas disposiciones de Dios, casi siempre incompren– sibles y desconcertantes ; en las horas peores hasta cruz•aban por su espíriru relámpagos de desesperación... ¿ Por qué habré hecho nada? Total, para lo que estoy consiguiendo ... Valía más mo– rirse, acabar de una vez. Siguiendo en este plan, mi vida va a ser un continuo sufoir. Dicen que la vida más fecunda es la vida de crucificada; eso se dice bien, pero ... A ratos parecía como si el cttaedium vitae», la náusea de un vivir así, la doblegase. ¿Quién o qué podía obligarla a aquel monótono pasar de los días de su juventud? ¡ Y si el renunciar a tantas •cosas ,Je sirviera al m•enos para adelantar en los caminos de Dios!. .. P,ero no; ella ya no veía en sí misma más que frío. desgana y cansancio de todo. El P. Fidel ,podía decir cosas bo– nitas... ; la realidad que ella veía nada tenía de esrimulante. O la grandeza y hermosura de la vida espiritual era un cuento, o ella había equivocado el camino.
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