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336 FR. EUSEBIO GARCIA DE PESQUERA IV Máyo, con sus flores, con sus cantos a María, con sus días largos y hermosos, estaba ya a buena altura. Todas las jóvenes terciarias, y hasta casi todos los muchachos, habían empezado el mes con los mejores propósitos de honrar a la Madre de Dios. Pero la inconstancia humana para d esfuer– zo de la v,irtud es muy grande. Hacia el día 15 ya emn bastantes las que no se mostraban tan generosas como el primer día. Y a venía algún at:ardecer en que, acuciadas por las ganas de cine, dej,aban de asistir al ejercicio de ,las Flores en la iglesia... , aun– que siempre, eso sí, con la intención de rezar luego privada– mente el rosar,ío y lo demás. Y en gener;al, cumplían dicha inten– ción. Iban siendo l:ambién más ,escasas las flores espirituales... , y tenía menos vigencia en el vivir cotidiano aquel propósito inicial de «voy a ser mucho mejor en este mes de la Virgen». Sin embargo. el ccVenid y vamos todos» continuaba resonando todas ,lias tardes en casi todas las igles,ias. De este canto popular se acordaba muchas veces por aquellos díás la pobre ,ccartista» del caf.é cantante que había comprado el segundo número de «Avanzadillan la mañana del Jueves Santo, y se había ,acostado en la noche con ganas de llorar. Ella lo había cantado muchas veces de niña. Luego. luego... j Habían pasado tantas cosas luego! Cosas que parecían haber quitado a sus labios el santo derecho a cantar a la Virgen. ¡ Si pudiera también ella... ! Volver, volver ,a... ¿ No Je sería posible volver_? Había caído bastante; pero no llegado a hundirse del todo. Ahor:a, muchas cosas que parecían para siempre muertas •en su alma empezaban a revivir ; sacudido extrañamente por las recias voces de~ «Avanzadillan, mucho de bueno y generoso que yací~ aletargado en ,el fondo de su ser se agitaba en busca de salida o desahogo. Pero su conciencia retrocedía asustada... j Había allí demasiada suciedad y demasiadas ruinas ! ¿No sería mejor cerr:ar los ojos, y renunciar a revolver en una vida que sólo podría contemplarse con ver,güen2'Ja y amar,gura? Cierto día se atrevió ,a entrar en una iglesia. Lo hizo con miedo ; se cr,eía poco menos que una intrusa allí. Temía que la
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