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TEMPORAS DE PRIMAVERA 333 han animado a venir. Me ,gusta mucho su estilo. E.n San Isidoro, aquella tarde del reparto. ,cay6 en mis manos e 1 l primer número;_ después he venido comprando todos los demás. El P. Eidel estaba muy contento de la nueva adquisici6n. Alta, esbelta, bien plantada, mostrando en su v•estir y peinado el mejor gusto ; intelig,ente, instruida: de buena posici6n social, ser•iecita ,y pi.adosa, Celia parecía ideal para ostentar car,gos en una Juventud Femenina. Y el P. Fid,~,l andaba a ,la saz6n muy necesitado de chicas así, pues no quería diferir ,por más tiempo la constituci6n de una Junta Directiva, pero de una Junta que aun en lo humano fuese ,la mejor propag¡anda de su obra. Le satisfacía también· 1a edad de Celia: diecinuev,e años re– cién cumplidos. Aún podía rendir mucho, pues había tiempo por delante. Mas empezada a utilizarla en seguida. Había que evitar a toda costa lo que se veía por muchas ipartes: Juventudes cat6- licas que s6lo eran «juventudes» en el nombre, Juventudes cuyos elementos más representativos, los miembros de sus Juntas, ha– bían pasado ,ya cierto «cabo» y comenzaban a vivir de recuerdos ... Algunas de estas llamadas cc~6v,enesn con demasiada generosidad vegetaban, para mayor desgracia, en una beatería antipática y de vuelo cor•to, con lo que bastantes jóvenes auténticas, llenas de vitalidad y de animosa inquietud, se sentíian repe.lidas de dichas asociadones cat6licas o religiosas. El ingreso de Celia en la V. O. T. vino muy ,oportuno, pues quizá ella fues•e la mejor -susti,tuta de María Amceli, la excelente Seeretar.ia de la Juventud, que se iba de entre sus •compañeras rpor la vía del mat11imonio ... El 13 de mayo tocaban ,a boda en la Parroquia de Nuestra Señora del :Vlercado. La vieja .parroqui,a tenía aires y gala de gran fiesta: flores, alfombras, reolinatorios, una hander,a, un es· tandarte ... La bandera, muy nueV:ecita, era l,a de las jóvenes ter– :eiarias {los chicos aún no tenían) ; el estandarte, hermoso y ve– terano, era el de toda la V. O. T. leonesa. Estaban 1 allí rporque se casaban dos j6v,enes y excelentes terciarios: Ramón Her– nández Picón y María Ariaceili Gálv,ez Lloret ; buenos mozos los dos, pero mucho mejores cristianos. El no había podido inter– venir mucho en las actividades de los j6venes, porque se ausen– taba habitualmente de Le6n; pero ella, como primera Secretaria,
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